Fernand Braudel, “Sobre la larga duración”

“Creo en la realidad de una historia particularmente lenta de las civilizaciones en sus profundidades abismales, en sus rasgos estructurales y geográficos. Claro que las civilizaciones son mortales en sus floraciones más preciosas; claro que brillan, y luego se apagan, para volver a florecer bajo otras formas, pero esas rupturas son más raras, más espaciadas de lo que se piensa. Y sobre todo, no destruyen todo por igual. Quiero decir que en tal o cual área de civilización, el contenido social puede renovarse dos o tres veces casi por completo sin alcanzar ciertos rasgos profundos y estructurales que seguirán distinguiéndola fuertemente de las civilizaciones vecinas. Por otra parte, más lenta aún que la historia de las civilizaciones, casi inmóvil, existe una historia de los hombres en sus relaciones estrechas con la tierra que los sustenta y nutre: es un diálogo que no deja de repetirse, que se repite para durar, que puede cambiar y cambia en la superficie, pero prosigue, tenaz, como si estuviera fuera del alcance y la mordedura del tiempo”.

 

FERNAND BRAUDEL, “Position de l’histoire en 1950”, lección inaugural en el Collège de France, 1950, retomado en Écrits sur l’histoire, París, 1969, pp.15-38 (p.24)

Héctor Herrera Cajas, “El presente, tiempo de la acción”

“En este momento, podríamos preguntarnos: ¿Quiere decir esto que la actitud histórica, dado que la actitud histórica es esta presencia que corresponde al momento presente, es un ser entre un pasado y un futuro, un pasado que puedo cotizar como recuerdo y un futuro que puedo valorizar como esperanza? ¿Es ese nuestro contenido histórico: Ser entre el recuerdo y la esperanza? Pero, ¿y dónde queda la acción? Es por eso que, en estas relaciones  temporales debemos encontrar algunas características propias también de la acción histórica, que no sean tan inefables como esta relación: recuerdo y esperanza. Veo la historia como un proceso queda testimonio de resoluciones y decisiones, de tal manera que, donde encontremos constancia de resoluciones o decisiones podemos asegurar que está la historia. Pero es evidente que detrás y otras está el hombre, un hombre capaz de tomar resoluciones y de actuar  de acuerdo con sus decisiones; Un hombre bien personalizado, sujeto y es por eso que quiero considerar ahora la acción en esta relación directa con el hombre, como sujeto de la historia, y ver otros tipos que se dan, y que se suponen acciones históricas, pero que si las analizamos  nos daremos cuenta que, en ellas, no podemos encontrar esta preponderancia de las resoluciones y las decisiones y que, por lo tanto, de podemos predicar una actitud histórica propiamente tal. Pensemos por ejemplo, en acciones que corresponden al campo de la que pueden ser mecánicamente explicadas; cuya explicación podemos encontrarla  en el campo de la biología, de la sociología, de la Economía,… etc.; Estas acciones, a veces, cobran gran importancia dentro del curso de la historia, pero tendríamos que preguntamos ¿son ellas fundamental mente historia? En cuanto se remiten a otra explicación que no sea la de las resoluciones o decisiones, afirmó categóricamente que no constituyen la historia.Tomemos el caso  de la bola de nieve; la bola de nieve parte, va creciendo, en que si le tomamos una instantánea, evidentemente tiene ciertas características que le asemejan al presente; es una gran avalancha que se viene encima; dentro de ella, hay una gran complejidad, desde la complejidad molecular hasta todo lo que trae comprometido en su curso vertiginoso. Podríamos pensar que, a veces, la presenta también así, como una bola de nieve, sujeta a una inapelable y que, por lo tanto, podemos explicar, recurriendo a esa legalidad, cómo aconteció que esta bola de nieve comenzó a n tomando la magnitud con que ahora la encontramos. Y, en cuanto le conviene ese tipo de explicación no hay allí historia; su curso era inevitable sin ninguna novedad, fuera de las que podían también haber sido previstas Pero una auténtica, originaria, espontánea, personal novedad, que dudo de decisiones repentinas, que a veces hay que tomar, o de resoluciones  tranquilas y meditadas, que a veces se pueden tomar, nada podrá encontrar en estos acontecimientos mal llamados históricos pueden explicarse recurriendo a una legalidad ajena al campo de la historia. Este ejemplo  trasladado al campo de la historia, permite preguntar ¿Toda acción, o el acumular acción a la acción, es de suyo histórica? ¿Podríamos  encontrar sentido a la acción que sólo se acumula a la acción? Evidentemente que no reside allí el sentido de la historia, aun cuando adquiera aparentemente un volumen descomunal, como el que de nieve un momento antes de detenerse y deshacerse. En cambio, muchas veces, nos damos cuenta que la acción puede ser mero actuar por presencia, es decir, una acción donde no donde hay sólo presencia, o bien una acción que puede ser aún la de la acción y esa no-acción tiene más importancia en la historia engañosa acción de gran volumen que puede ser pura apariencia como hemos dicho  nos movemos en un mundo lleno de apariencias  de  acciones que no están enraizadas en la historia, que no tienen ningún  compromiso con el pasado ni con el futuro, que se agotan presente, de acciones que no tienen sentido dentro de la historia de toda dimensión y, por lo tanto, de contenido histórico”.

 

HÉCTOR HERRERA CAJAS, “El presente, tiempo de la acción”, Mapocho, núm. 1, Santiago, 1963, pp.279-284

Jorge Luis Borges, “Nueva refutación del tiempo” (II)

“Negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el universo astronómico, son desesperaciones aparentes y consuelos secretos. Nuestro destino (a diferencia del infierno de Swedenborg y del infierno de la mitología tibetana) no es espantoso por irreal; es espantoso porque es irreversible y de hierro. El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges”.

 

JORGE LUIS BORGES, “Nueva refutación del tiempo”. En Obras Completas, Otras Inquisiciones (1952), Emecé Editores, Buenos Aires, 1974, p.771

Jorge Luis Borges, “Nueva refutación del tiempo” (I)

“Cada instante es autónomo. Ni la venganza ni el perdón ni las cárceles ni siquiera el olvido pueden modificar el invulnerable pasado. No menos vanos me parecen la esperanza y el miedo, que siempre se refieren a hechos futuros; es decir, a hechos que no nos ocurrirán a nosotros, que somos el minucioso presente. Me dicen que el presente, el specious present de los psicólogos, dura entre unos segundos y una minúscula fracción de segundo; eso dura la historia del universo. Mejor dicho, no hay esa historia, como no hay la vida de un hombre, ni siquiera una de sus noches; cada momento que vivimos existe, no su imaginario conjunto. El universo, la suma de todos los hechos, es una colección no menos ideal que la de todos los caballos con que Shakespeare soñó —¿uno, muchos, ninguno?— entre 1592 y 1594. Agrego: si el tiempo es un proceso mental ¿cómo pueden compartirlo millares de hombres, o aun dos hombres distintos?”.

 

JORGE LUIS BORGES, “Nueva refutación del tiempo”. En Obras Completas, Otras Inquisiciones (1952), Emecé Editores, Buenos Aires, 1974, p.762