Ernst Gombrich, “La imagen y la aportación del espectador”

“La interpretación por parte del autor de la imagen ha de ser siempre correspondida por la interpretación del observador. Ninguna imagen cuenta su propia historia. Recuerdo una exposición en un museo de Lincoln, Nebraska, en la que se exhibían esqueletos y reconstrucciones del antepasado del caballo. Según los patrones equinos actuales, esas criaturas eran diminutas, pero se parecían a nuestros caballos en todo, salvo en la escala. Esta observación me hizo pensar en lo inevitablemente que interpretamos hasta un modelo didáctico y qué difícil es descartar ciertas suposiciones. Acostumbrado a contemplar esculturas, inclusive pequeñas estatuillas de caballos en bronce, había caído en el hábito mental de no tener en cuenta la escala al interpretar el código. Dicho de otra forma, «vi» el modelo a escala de un caballo normal. Fueron la descripción y la información verbales las que corrigieron mi lectura del código.

 

Como en todo, en esto también necesitamos un sobresalto para recordar lo que he llamado la «aportación del espectador», la contribución que hacemos a cualquier representación recurriendo al surtido de imágenes almacenado en nuestra mente. Una vez más, solo cuando este proceso no puede ocurrir porque carecemos de recuerdos nos percatamos de su función. Al contemplar la imagen de una casa, normalmente no nos preocupamos por las muchas cosas que la imagen no muestra, salvo que estemos buscando un aspecto determinado que estaba oculto en la cámara. Hemos visto muchas casas semejantes, y podemos complementar la información recurriendo a nuestra memoria, o creemos poder hacerlo. Solo cuando nos encontramos frente a un tipo desconocido de estructura nos percatamos del elemento desconcertante de toda representación”.

 

ERNST GOMBRICH, “La imagen visual: su lugar en la comunicación”, La imagen y el ojo, Editorial Debate, 1982, pp.48-49

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Roger Chartier, “La noción de representación”

“Para el historiador de las sociedades del Antiguo Régimen, construir la noción de representación como el instrumento esencial del análisis cultural es otorgar una pertinencia operatoria a uno de los conceptos centrales manejados en estas mismas sociedades. La operación de conocimiento está así ligada al utillaje nocional que los contemporáneos utilizaban para volver menos opaca a su entendimiento su propia sociedad. En las antiguas definiciones (por ejemplo, la del Dictionnaire universal de Furetiêre en su edición de 1727), las acepciones de la palabra “representación” muestran dos familias de sentidos aparentemente contradictorios: por un lado, la representación muestra una ausencia, lo que supone una neta distinción entre lo que representa y lo que es representado; por el otro, la representación es la exhibición de una presencia, la presentación pública de una cosa o una persona. En la primera acepción, la representación es el instrumento de un conocimiento mediato que hace ver un objeto ausente al sustituirlo por una “imagen” capaz de volverlo a la memoria y de “pintarlo” tal cual es. De estas imágenes, algunas son materiales, sustituyendo el cuerpo ausente por un objeto parecido o no: como los maniquíes de cera, madera o cuero que se colocaban encima del ataúd real durante los funerales de los soberanos franceses e ingleses (“cuando vamos a ver a los príncipes muertos en sus lechos de desfile, sólo vemos la representación, la efigie”) o, más generalmente y más antiguamente, la litera fúnebre vacía y recubierta por un paño mortuorio que “representa” al difunto (“Representación se denomina también en la iglesia a un falso ataúd de madera cubierto por un velo de duelo, alrededor del cual se encienden velas, cuando se realiza un servicio para un muerto”). Otras imágenes juegan sobre un registro diferente: el de la relación simbólica que, para Furetière, es “la representación de algo moral mediante las imágenes o las propiedades de las cosas naturales (…). El león es el símbolo del valor, la gallina el de la inconstancia, el pelícano el del amor maternal”. Se postula entonces una relación descifrable entre el signo visible y el referente significado, lo que no significa que se lo descifre tal cual como se debería”.

 

ROGER CHARTIER, El mundo como representación. Estudios sobre historia cultural, Gedisa, Barcelona, 2005, pp.57-58