Eric Kahler, “El significado de la historia”

“En realidad toda la cuestión del “significado de la historia” ha surgido de un concepto popular equivocado del término historia. Esta expresión ha acabado por designar el complejo del pasado conocido del hombre, en tanto que -como hemos visto y seguiremos viendo- la historia en su sentido propio no está en modo alguno restringida al pasado, o siquiera caracterizada por él. No es un mero complejo de acontecimientos establecidos, ningún museo de objetos muertos. La historia es una cosa viva, está con nosotros y en nosotros en cada momento de nuestras vidas. No sólo la persona informada sino todo el mundo, en todo lo que hace, se está moviendo constantemente en la historia. En su vida interior la historia se mueve de manera arquetípica. En su vida exterior política, económica, tecnológica, cuando vota, firma un contrato, guía un automóvil, mira la televisión, está continuamente manipulando conceptos e instituciones arraigados en la historia. Para actuar y planear necesita el sólido fundamento de la memoria sedimentaria formada durante su vida, es decir su identidad personal, pero más allá sería incapaz de seguir su vida cotidiana en la sociedad moderna sin el trasfondo de una memoria comunal, sin el sentido de su identidad nacional o humana, que es historia”.

 

ERIC KAHLER, “¿Qué es la historia?”, Fondo de Cultura Económica, Santiago, 1993, p.23

Jorge Luis Borges, “Nueva refutación del tiempo” (I)

“Cada instante es autónomo. Ni la venganza ni el perdón ni las cárceles ni siquiera el olvido pueden modificar el invulnerable pasado. No menos vanos me parecen la esperanza y el miedo, que siempre se refieren a hechos futuros; es decir, a hechos que no nos ocurrirán a nosotros, que somos el minucioso presente. Me dicen que el presente, el specious present de los psicólogos, dura entre unos segundos y una minúscula fracción de segundo; eso dura la historia del universo. Mejor dicho, no hay esa historia, como no hay la vida de un hombre, ni siquiera una de sus noches; cada momento que vivimos existe, no su imaginario conjunto. El universo, la suma de todos los hechos, es una colección no menos ideal que la de todos los caballos con que Shakespeare soñó —¿uno, muchos, ninguno?— entre 1592 y 1594. Agrego: si el tiempo es un proceso mental ¿cómo pueden compartirlo millares de hombres, o aun dos hombres distintos?”.

 

JORGE LUIS BORGES, “Nueva refutación del tiempo”. En Obras Completas, Otras Inquisiciones (1952), Emecé Editores, Buenos Aires, 1974, p.762