Fernand Braudel, “Sobre la larga duración”

“Creo en la realidad de una historia particularmente lenta de las civilizaciones en sus profundidades abismales, en sus rasgos estructurales y geográficos. Claro que las civilizaciones son mortales en sus floraciones más preciosas; claro que brillan, y luego se apagan, para volver a florecer bajo otras formas, pero esas rupturas son más raras, más espaciadas de lo que se piensa. Y sobre todo, no destruyen todo por igual. Quiero decir que en tal o cual área de civilización, el contenido social puede renovarse dos o tres veces casi por completo sin alcanzar ciertos rasgos profundos y estructurales que seguirán distinguiéndola fuertemente de las civilizaciones vecinas. Por otra parte, más lenta aún que la historia de las civilizaciones, casi inmóvil, existe una historia de los hombres en sus relaciones estrechas con la tierra que los sustenta y nutre: es un diálogo que no deja de repetirse, que se repite para durar, que puede cambiar y cambia en la superficie, pero prosigue, tenaz, como si estuviera fuera del alcance y la mordedura del tiempo”.

 

FERNAND BRAUDEL, “Position de l’histoire en 1950”, lección inaugural en el Collège de France, 1950, retomado en Écrits sur l’histoire, París, 1969, pp.15-38 (p.24)

Michel Vovelle, “Las mentalidades, campo privilegio de la larga duración”

“Como historiador de las mentalidades, soy –asumiendo mis responsabilidades– de quienes consideran que este campo, lejos de contraponerse a la historia social, no es más que su expresión más aguda, su resultado final: nivel en que las pertenencias se inscriben en actitudes y representaciones colectivas. Cierto que sobre la base de fuertes presunciones, ese tercer nivel ha podido estimarse el de las “prisiones de la larga duración” (Braudel) o de las “resistencias” (Labrousse); y se han interrogado acerca de la “fuerza de inercia” de las estructuras mentales. En un primer acercamiento, parece que estas aventuras sólo pueden tratarse en la amplitud de las duraciones seculares en las cuales se despliegan: al menos para una historiografía que parece haber olvidado que una de las obras maestras en la prehistoria de lo que puede llamarse la historia de las mentalidades antes de ser tal, fue El gran miedo de G. Lefebvre, reconstitución casi policial de una ola de pánico que atravesó la Francia rural e, indirectamente, echó abajo el antiguo régimen agrario en menos de tres semanas. Pero de seguro que tanto la historia de las culturas como la de las actitudes colectivas, hicieron sus incursiones más luminosas en el tiempo largo de la sociedad tradicional de Antiguo Régimen. En el corpus de la muy larga duración de los pequeños libritos azules de la biblioteca de Troyes –retomados ne varietur durante siglos–, Robert Mandrou pudo desprender los rasgos de la cultura popular de la Francia del siglo XVIII muy ampliamente elaborada. La aventura de esta literatura de pacotilla se despliega con cambios a veces ínfimos, desde el alba de la edad moderna hasta su muerte a mediados del siglo XIX. En verdad, en ese primer nivel de la historia de las mentalidades –el de la historia de las culturas– no podrían esquivarse algunas cuestiones previas. Como –simplificando– la de un tiempo desdoblado, la de las culturas populares, campo de la inercia de las tradiciones…, la de las culturas “de élite”, como suele decirse, asiento de la innovación y las provocaciones… Cultura popular, cultura de élite: otra dialéctica mayor, tema de interrogaciones actuales”.

 

MICHEL VOVELLE, “La historia y la larga duración”, Clío, núm. 177, 2009, pp.272-273