G. W. F. Hegel, “Narración e historia”

“La palabra historia reúne en nuestra lengua el sentido objetivo y el subjetivo: significa tanto historia rerum gestarum como las res gestae. Debemos considerar esta unión de ambas acepciones como algo más que una casualidad externa; significa que la narración histórica aparece simultáneamente con los hechos y acontecimientos históricos. Un íntimo fundamento común las hace brotar juntas. Los recuerdos familiares y las tradiciones patriarcales tienen un interés dentro de la familia o de la tribu. El curso uniforme de los acontecimientos, que presupone dicha condición, no es objeto del recuerdo; pero los hechos más señalados o los giros del destino pueden incitar a conservar esas imágenes, como el amor y el sentimiento religioso convidan a la fantasía a dar forma al impulso que, en un principio, es informe. El Estado es, empero, el que por vez primera da un contenido que no sólo es apropiado a la prosa de la historia, sino que la engendra”.

 

 G. W. F. HEGEL, Lecciones sobre filosofía de la historia universal, Madrid, 1974, p.137

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Eric Kahler, “El significado de la historia”

“En realidad toda la cuestión del “significado de la historia” ha surgido de un concepto popular equivocado del término historia. Esta expresión ha acabado por designar el complejo del pasado conocido del hombre, en tanto que -como hemos visto y seguiremos viendo- la historia en su sentido propio no está en modo alguno restringida al pasado, o siquiera caracterizada por él. No es un mero complejo de acontecimientos establecidos, ningún museo de objetos muertos. La historia es una cosa viva, está con nosotros y en nosotros en cada momento de nuestras vidas. No sólo la persona informada sino todo el mundo, en todo lo que hace, se está moviendo constantemente en la historia. En su vida interior la historia se mueve de manera arquetípica. En su vida exterior política, económica, tecnológica, cuando vota, firma un contrato, guía un automóvil, mira la televisión, está continuamente manipulando conceptos e instituciones arraigados en la historia. Para actuar y planear necesita el sólido fundamento de la memoria sedimentaria formada durante su vida, es decir su identidad personal, pero más allá sería incapaz de seguir su vida cotidiana en la sociedad moderna sin el trasfondo de una memoria comunal, sin el sentido de su identidad nacional o humana, que es historia”.

 

ERIC KAHLER, “¿Qué es la historia?”, Fondo de Cultura Económica, Santiago, 1993, p.23