Una aproximación a las diversas facetas sobre la sífilis en Chile durante la segunda mitad del siglo XIX

sifilis

Por Macarena Zamorano Quiroga*

Leer en PDF

Durante la segunda mitad del siglo XIX la sífilis fue una enfermedad venérea de rápida propagación, convirtiéndose en una epidemia endémica que afectó transversalmente a la sociedad chilena. Pero por ser una patología de índole sexual, perteneciente al ámbito de lo privado y lo íntimo, del secreto, era un tema tabú, del que poco se hablaba y sobre el que pesaba un gran juicio social y moralista, sobre todo en una sociedad fuertemente regida por la tradición religiosa de la Iglesia Católica. La sífilis fue enjuiciada y los enfermos estigmatizados social y moralmente.

 .

El origen de la enfermedad era algo “sucio”, que destapaba aquello que se ocultaba como las conductas y hábitos sexuales fuera de los marcos “moralmente correctos.” De la sífilis se desglosan una serie de aspectos sociales y morales como el castigo, el estigma y la marginación social, el secreto, el temor, la condena, la vergüenza, etc., es por ello que hablar sobre las diversas facetas sobre la sífilis y no de la enfermedad en sí misma, nos trasporta a pasajes que corresponden al ámbito social, cultural y mental.

 .

Coincidiendo con que la enfermedad es una construcción cultural,[1] se intenta dimensionar el significado de la sífilis para la sociedad en su conjunto y para la aristocracia. Pues, no olvidemos que la elite se regía por ésta idea de linaje heredado: “lo que fue, es y significa mi familia en la sociedad” y “lo que hicieron mis antepasados”.[2] Creemos que la sociedad decimonónica era una sociedad encerrada y aterrada por el “qué dirán”. Es por ello que insistimos en que la enfermedad venérea incidiría directamente en mermar y arruinar el nombre, el honor y la posición, no sólo del sujeto y su núcleo familiar, sino además la historia familiar. En relación a lo anterior, a la temática del “honor”, es que se indica que ésta no correspondería exclusivamente a la aristocracia, vale decir, no sería una característica propia de ésta. Por el contrario, se señala: “El honor personal y familiar fue el valor esencial que asumieron los miembros de la sociedad herencia de la colonia, independiente de la condición económica, era una tarea de resguardo”.[3] En relación a ello, es que vale acotar que la sífilis, junto con el resto de las enfermedades venéreas, no corresponden a un sector social específico, por el contrario, fue una patología que se expandió por la sociedad y no por secciones de ella. La sífilis fue un “mal” que se instaló en el acontecer de los chilenos.

 .

Es a partir de lo expuesto, que surgen las interrogantes: ¿Qué es la sífilis? ¿Qué se creía sobre ésta? ¿Qué significaba para la elite? ¿Tenía la misma significación social en una persona perteneciente a las clases bajas que en un aristócrata? ¿Acaso las enfermedades venéreas con ulceraciones, eran severamente castigadas por su aspecto, porque eran impactantes y causaban rechazo? o ¿Por qué muchas veces la enfermedad era a causa de adulterios y abusos sexuales, exponiendo así la conducta moral, siendo imposible seguir ocultando la actividad indecorosa, o el pecado cometido?

 .

En relación a ello, la sífilis durante el período estudiado, se enmarcó en un escenario social complejo. Chile, era un Estado-Nación en formación y construcción, el cual transitó por la encrucijada de las transformaciones culturales, científicas, económicas, sociales y políticas del país, sobre todo al finalizar el siglo, con la intención de seguir los cánones europeos, como el francés. La modernización y la nueva forma de operar económicamente, trajo un aumento e intensidad del proceso productivo de la población, traduciéndose en un incremento de la productividad del trabajador.[4] Este nuevo funcionamiento de la realidad nacional, generó efectos negativos colaterales como las enfermedades, la alta tasa de mortalidad -sobre todo infantil- la mendicidad, la marginalidad, etc., y la oleada migratoria generó afecciones, conventillos y promiscuidad en los sectores pobres o marginales de la ciudad.[5] Parte de las enfermedades fueron producto del foco de contagio existente por: los hacinamientos, escasa higiene, deficiente alimentación, agua contaminada, promiscuidad, falta de vestimenta, de vivienda, etc., siendo los niños el sector de la población más vulnerable. Estas condiciones de vida se manifestaron en las grandes ciudades, por el número de habitantes, por los “hábitos citadinos” y por las deplorables circunstancias que se dieron en los barrios marginales.[6]

 .

Pero retomando nuestro punto: ¿qué es y de qué se trata esta enfermedad? La sífilis es una enfermedad venérea, su contagio se produce principalmente a través de vía sexual, pero existen otros dos tipos: 1) el contagio nutricio (nodriza-niño) y 2) el contagio constitucional, vale decir, por herencia. Respecto a su sinonimia, sus nombres comunes fueron: lúes, mal venéreo (de Venus), mal francés (gálico), mal napolitano, mal español, americano, etc. Se cree que el nombre de sífilis se desprende de la etimología griega (cerdo-amor: amor inmundo) y que posiblemente haya sido introducido su nombre en el siglo XVI por Fracastor, autor del poema latino: “…el pastor Syphilus es el primero que se ve herido por la ira i venganza de los dioses, con esta enfermedad, fruto i castigo del antiguo tiempo de los escesos venereos.”[7]

 .

La relación de la enfermedad venérea se asocia con elementos negativos como la vergüenza, el castigo y el pecado, estos juicios no corresponderían a nuevas formas de pensamiento de los siglos XIX y XX, sino que son parte de una tradición largamente arraigada en juicios valóricos y moralistas, enmarcados en un pensamiento regido por los cánones religiosos, en donde la sexualidad fue y es entendida como un acto indebido o que se debe mantener en secreto, siendo su finalidad única, la reproducción. En relación a ello, a la concepción de fidelidad y matrimonio desde la mirada de la Iglesia:

 .

Para la Iglesia, la fidelidad consistía en la mutua lealtad de los cónyuges en el cumplimiento del contrato matrimonial, y que esa fidelidad exigía la absoluta unidad del matrimonio. La fidelidad implicaba unidad, castidad, caridad y honesta y noble obediencia.[8]

 .

Con respecto a las teorías de origen de la enfermedad, la mayoría están asociadas a conflictos bélicos europeos durante fines del siglo XV e inicios del siglo XVI, siendo la teoría más señalada, aquella que indica a la sífilis como de procedencia americana, en donde la enfermedad se habría hallado entre los indígenas, y luego llevada a Europa por las tripulaciones de Colón.[9]

 .

La sífilis se manifestaba a través de ulceraciones o chancros. Su avance progresivo invadía la sangre causando una serie de trastornos.[10] La falta de asistencia médica y la escasa higiene, provocaban que la sífilis permaneciera latente, volviéndose crónica y dejando como consecuencias: ulceraciones y tumores, infertilidad, descendencia constitucional, malformaciones, problemas inmunes, estéticos, deficiencias de los órganos vitales, locura y muerte. Además estaban los deterioros intangibles, correspondientes a los daños personales, familiares y sociales del individuo.

 .

La lucha contra la sífilis fue poco eficaz, sólo a fines del siglo XIX. Con el descubrimiento terapéutico del mercurio se consiguieron resultados, aunque nocivos para la salud y la estética como la pérdida de cabello, uñas, dientes, y graves daños en la piel. El máximo avance se logró finalmente, con la penicilina.[11]

 .

Como se ha indicado, la enfermedad, la condición de sifilítico no sólo era difícil por lo destructivo de la enfermedad, sino que también por el juicio y condena social que le acompañaba. Lo que se afirma en citas sobre la enfermedad venérea que la describen como: “…lastres morales, evidenciando prácticas sexuales ilegítimas, aceptando como legítimas aquellas que se dan en el contexto matrimonial y con fines reproductores”.[12]

 .

Continuando con las creencias sifilíticas de la época, hemos hallado una serie de fotografías propagandísticas alusivas a remedios y medicamentos para su tratamiento. Ejemplo de esto encontramos: Las Píldoras Rosadas Del Dr. Williams “…para el desorden y desenfreno de la juventud; para todos aquellos hombres que recojen ahora los frutos desgraciados de tiempos dedicados al libertinaje y prácticas malas…”.[13] De aquí, se desprende una intención moralizadora, un mensaje a los jóvenes que entrega palabras de condena a la manera de vivir, en donde las enfermedades venéreas eran sin duda la consecuencia, la respuesta física a tales desenfrenos sexuales. Es un mensaje explícito, que enjuicia y reprueba tales conductas indecorosas, y a quienes sufren de tales padecimientos. En otra propaganda médica encontramos un libro de curaciones titulado: “Enfermedades venéreas curadas por el paciente mismo, libro utilísimo para hombres y mujeres…”.[14] Del cual se desprende la idea de curarse, sin recurrir al médico. Por tanto, la cura de la enfermedad sería en la privacidad, en el anonimato, siendo una ayuda para mantener oculta la vergonzosa patología, evitando así los riesgos de ser juzgado socialmente.

 .

En periódicos tales como “El médico práctico”[15] se trataba a las enfermedades venéreas desde la crítica social, moral y eugenésica, evidenciándose en planteamientos tales como: “¿…cuando los jóvenes llamados de clase piensan en casarse después de haber consumado sus fuerzas varoniles con los vicios…?[16] Con esta interrogante los autores esclarecen su visión respecto a los comportamientos sexuales de los jóvenes, sobre todo cuando el sexo se ejerce antes del matrimonio, hecho repudiable para aquella época. Se señala a “jóvenes de clase”, jóvenes de elite inmiscuidos en hábitos escandalosos, los cuales padecerían de las enfermedades contraídas mediante el “sexo juvenil vicioso” degenerando el cuerpo y la moral de los mismos. No obstante a lo comentado, a esta “manera liviana de vivir”, podemos indicar que ésta no se desarrolló sólo entre la juventud aristócrata de la época, por el contrario, la sífilis fue una enfermedad que atacó de manera transversal a la sociedad, no fue parte de un sector social determinado, como tampoco lo fueron sus consecuencias sociales y los juicios morales conllevados. Ejemplo de ello tenemos los conventillos, que a causa del rápido desarrollo urbano, de la migración campo-ciudad provocaron gran cantidad de hacinamientos, produciendo graves consecuencias sociales y sanitarias: “El conventillo se convirtió en el símbolo de las desvirtuaciones del género humano…”[17]

 .

Siguiendo con la sífilis y el matrimonio, en el mismo diario se cita:

 .

…cuan funestos son a la sociedad los matrimonios en los que el padre sifilítico es colaborador de la destrucción del jénero humano. Tan temibles son como los leprosos de Israel i tan contajiosos como sus casas i vestidos condenados al fuego para no contaminar” “…la sífilis… dejenera la especie. Este crimen que podría llamarse de lesa humanidad se comete en presencia de todos…[18]

 .

En estas palabras, se halla indolencia moral por los enfermos y personas afectadas. A la sífilis se le compara con la lepra, se la define como un crimen, como un homicidio social que afecta a todos, en donde el padre de familia sería el responsable de la degeneración racial. Respecto a la sífilis constitucional,  referente a la transmisión de la enfermedad a través de la herencia:

 .

Entonces es cuando la sífilis constitucional bien sea sola, o ya unida con otras enfermedades que ella enjendra; complica, agrava i destruye familias, jeneraciones i pueblos enteros, si la ciencia i las providencias de los gobiernos no hacen esfuerzos jenerosos para obtener obstáculos a este azote desvastador. Incumbe pues a la autoridad política i a mis comprofesores, conceder su atención a este punto que tan justamente la merece.[19]

 .

Tras estas palabras volvemos al tema de la “trascendencia de la enfermedad”, de una enfermedad que además de ser transmisible y con graves, incluso mortales consecuencias, se traspasa de generación en generación, en donde los nacidos con sífilis viven una vida llena de complejidades de salud. El autor de tales palabras, Ramón Elguero señala la falta de acción de los gobiernos para frenar la propagación de la enfermedad, desconociendo la gravedad de este mal, por lo que llama a los médicos a hacer algo al respecto. Entre múltiples citas que hemos hallado, consideramos que ésta en particular sintetiza la principal creencia sobre la sífilis en la época: “…un veneno que circula por las venas, penetra los principios de la vida, debilita en su orijen las fuerzas vitales, morales e intelectuales del hombre, i destruye a la vez el vigor del cuerpo i poder de la razón”.[20] Con esto desprendemos la concepción sobre la sífilis, considerada como una enfermedad que dañaba el cuerpo, la moral y la intelectualidad del hombre. Una afección que mermaba la calidad de vida y la vida del individuo y de la sociedad en general por ser contagiosa, silenciosa y de degeneración.

 .

Sin duda el argumento eugenésico es firme opositor a las enfermedades venéreas: “…traen como consecuencias la ruina del organismo humano… es un verdadero delito, un delito de lesa humanidad”.[21] Es uno de los aspectos recurrentes en las tesis de derecho es el contagio venéreo como un delito. Ya que sus consecuencias eran graves para las personas y también para el país en su totalidad, afectando el empleo, la productividad y la defensa militar. Mermaba la salud de la mayoría, expandiéndose como una epidemia social que aquejaba a individuos de todas las clases sociales. Por tanto, fue una enfermedad que cruzó, que se expandió por varias aristas de la sociedad. Respecto a lo anterior, es importante señalar que si bien a enfermedad atacó a todos los estratos de la sociedad, las principales fuentes que debaten o reflexionan sobre la sífilis provienen de los grupos altos, aristócratas ilustrados. A modo de extracto del discurso eugenésico de la época:

 .

En nuestro país el porcentaje de enfermos venéreos pasa ya de los límites de un pueblo civilizado. En efecto, según estadísticas últimas, más del 80 % de nuestra población estaría contaminada con sífilis, sin contar con los enfermos que padecen de blenorragia crónica cuyo porcentaje es enorme.[22]

 .

Esta cita constata la gravedad de la situación que vivía el país. Una serie de enfermedades de transmisión sexual de diferentes tipos, en la que la sífilis en particular era la más peligrosa y con mayores consecuencias. Y sobre el delito tenemos: “… el contagio venéreo lesiona un derecho que nos es común a todos y que un estado debe proteger con sus leyes: el derecho a la salud, el derecho a la vida”.[23] Por lo tanto, todo aquel que contagia, está dañando derechos básicos del ser humano. El sifilítico que contagia, se compara con un homicida, pues corta la vida de la víctima dejando huellas físicas. Se le asocia al envenenamiento por lesión:

 .

Tomando en cuenta, que el homicidio se castiga, porque se ha atentado contra la vida de una persona, hemos llegado a la convicción que el contagio venéreo también atenta en forma evidente contra la vida de las personas.” “En el contagio venéreo, se destruye la salud, y un cuerpo sin salud va hacia la muerte.” “…hemos podido comprobar que la muerte de numerosas personas ha tenido como causa precisa, a la sífilis, o a una complicación blenorrágica. Por lo tanto, ha existido en estos contagios, un verdadero homicidio.[24]

 .

En relación a los perjuicios morales, al temor de que se conozca que un individuo padece la enfermedad y la relación médico-paciente tenemos: “Hé aquí constituido al facultativo en guardador, en depositario de un secreto en el que puede ir envuelto el honor, el buen nombre de un individuo o de una familia”.[25] En relación a esto es que el secreto médico es vital, trascendental para el enfermo para que éste guarde tan preciado silencio. El médico se vuelve en algo más que un médico, traspasa el límite y se convierte en un cuidador de la salud y el honor del paciente:

 .

…el deseo de recobrar su salud perdida, i confiados en que los labios del médico habían de quedar sellados con el sijilo absoluto… El enfermo quiere recobrar su salud perdida, pero quiere tambien que se conserve intacto su buen nombre… Así como debe poner todo esmero i todos los recursos que le suministre la ciencia para aliviar a su enfermo, debe tambien velar por su salud moral, cuidando de guardar el secreto mas estricto.[26]

 .

La enfermedad se asocia al secreto, al acto de ocultar cierta información por temor a la pérdida afectiva, social, laboral, material, etc. A su vez, el médico no sólo sería un sanador, un facilitador de la vida, sino que también un cuidador de la moral y de la integridad de su paciente. El médico más que un profesional, gozaba de un sitial de respeto que mantiene hasta hoy. Creemos que dicho beneficio se debería al conocimiento, a la tenencia del poder de conocimiento de sanación de enfermedades. No obstante a lo anterior, cabe recordar que los médicos no tuvieron desde siempre tal honor y prestigio, por el contrario, este “avanzar” fue parte del proceso de medicalización, fue un respeto que la medicina y los médicos de la época tuvieron que construir, dejando atrás la imagen del “matasano”.

 .

En el caso de la Revista Médica, la exposición de los casos es descriptiva, y en ocasiones cruda, siendo útiles para comprender la realidad de la enfermedad.

 .

Anjela A. de 35 años de edad, natural de Santiago, de constitución fuerte, de temperamento sanguíneo-nervioso, entró el 19 de abril de 1870 al núm. 43 de la sala de San José. Varias formas de sifílides se pueden notar en la piel de esta mujer, una erupción papulosa discreta se estiende a todo el cuerpo; en el aparato jenital, a su alrededor i en la parte superior de la cara interna de los muslos, hai placas mucosas de tamaños diversos; en la parte inferior i lateral del abdomen, en los muslos i en las mamas, sifílides ulcerosa profunda; en el velo del paladar, amígdalas i faringe, grandes ulceraciones que deben estenderse a la larinje porque la voz está casi totalmente estinguida; dureza mui grande de oído, casi completa sordera; piel fría, pulso pequeño i postración estrema de fuerzas.[27]

 .

Este elemento en particular nos invita a “vivir” la enfermedad, a intentar imaginar el significado de “ser sifilítico”, hablando desde las ulceraciones, las heridas, pasando por el tratamiento, la calidad de vida de la persona, su grado y posibles modificaciones en sus relaciones familiares y sociales, muchas veces marcadas por el distanciamiento, o el “peso del silencio” al cargar con una enfermedad que es enjuiciada y condenada moral y socialmente. Presenciamos la crudeza de la descripción, va desde el temperamento hasta el mínimo detalle de las secuelas. Nos otorga la comprensión física de la enfermedad, nos transporta a la vivencia del sifilítico, intentado resolver mentalmente sus dolores y padecimientos, en este caso físico.

 .

En la mayoría de las citas que revisamos, se hace alusión al veneno sifilítico, a esto de la “infección moral” producto de hábitos viciosos, lujuriosos, fuera del marco matrimonial, que se transforman en comportamientos escandalosos para la sociedad. La sífilis fue una enfermedad de rápida propagación, que trascendió a través de generaciones, dañando a la salud y a la vida. Se catalogó a la sífilis como una epidemia social, que dejaba a la luz problemas de índole sanitario, social, jurídico y moral, como un “mal” que dejaba huellas en la piel de los enfermos, pero sobre todo en la vida de los mismos. Es por ello, que consideramos que la principal concepción sifilítica no ha variado respecto a los años, a lo que podemos pensar hoy de las patologías venéreas. Quizás, hoy nuestra sociedad es menos estricta y cerrada moralmente, pero aun así, son temas de los cuales no se suele hablar. Son enfermedades que de igual modo nos incomodan y nos producen rechazo. Por tanto, creemos que temas tabúes son interesantes de estudiar, nos llevan a pasajes íntimos de la sociedad, nos acercan a la esencia de su pensamiento y actuar.

 .

***

 .

Macarena Zamorano Quiroga es Licenciada en Historia y Educación y Profesora de Historia de la Universidad de Viña del Mar y Magíster © en Historia, mención Historia Social de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

 


[1]En referencia a la enfermedad como una construcción cultural, tenemos: Molina, Mauricio, “La noción de salud e higiene pública. El caso de la dotación de agua potable en Valparaíso, 1850-1919. Reconstrucción de sus significados.”, Revista Archivum, N° 9, Archivo de Viña del Mar, 2008.

[2]Respecto a autores que estudian a la elite, específicamente chilena, contamos con: Stabili, María Rosaría. El sentimiento aristocrático. Elites chilenas frente al espejo. (1860-1960), Editorial Andrés Bello, Chile, 2003.

[3]Gazmuri, Cristián; Sagredo, Rafael, Historia de la vida privada en Chile. El Chile tradicional de la Conquista a 1840, Ediciones Taurus, Chile, 2005, p. 34

[4]Massardo, Jaime; Molina, Carlos; Monasterio, Hernán; Urriola, Rafael, Historia de la protección social de la salud en Chile, Ediciones Lom, Chile, 2009, p.42

[5]Gazmuri, Cristián; Sagredo Rafael, Historia de la vida privada. El Chile privado desde 1925 hasta nuestros días, Ediciones Taurus, Chile, 2008, p.49

[6]Grez, Sergio, La cuestión social en Chile, ideas y debates precursores (1804-1902), Edición DIBAM, Chile,

1995, p.390

[7]Elguero, Román, Medios que convendría emplear para contener los progresos de la sífilis, Memoria presentada a la Facultad de medicina en la Universidad de Chile, Anales de la Universidad de Chile, Tomo XIV, p.16

[8] Gazmuri, C.; Sagredo, R. Historia de la vida privada…, Op. cit.,  p. 51

[9]Watts, Sheldon, Epidemias y poder. Historia, enfermedad, imperialismo, Editorial Andrés Bello, 1997, España, pp.178-179

[10]Oyarzún, Enrique, Alto riesgo obstétrico, Facultad de Medicina, Chile, 1996, pp. 255-260. Véase también: Benenson, Abram., El control de las enfermedades transmisibles en el hombre, Organización Panamericana de la Salud, Estados Unidos, 1978-1992-2005. pp. 587-597; Neugebauer, Josep, Atlas de las enfermedades infecciosas,  Ediciones Roche, 1983.pp. 475-492

[11]Carmona, Juan Ignacio, Enfermedad y Sociedad en los tiempos moderno, Universidad de Sevilla, España, 2004, pp. 212-213

[12] Castejón, Ramón, “Enfermedades venéreas en la España del último tercio del siglo XIX. Una aproximación a los fundamentos morales de la higiene pública”, en Revista Dynamis Acta Hispanica ad Medicinae Scientiarum que  Historiam Illustrandam, Vol. 11, España, 1991, p. 242

[13] La Alianza Liberal, Santiago,  mayo de 1900.

[14]Ibídem, septiembre de 1896.

[15]Este periódico en particular fue ideado y realizado por un grupo de médicos nacionales.

[16]El Médico Práctico, Periódico Médico Quirúrjico, año I,  N°2, Diciembre de 1867, Santiago.

[17]Urbina, María Ximena, Los conventillos de Valparaíso 1880-1920. Fisonomía y percepción de una vivienda popular urbana, Ediciones universitarias de Valparaíso, Chile, 2002. p. 212

[18]El Médico Práctico. Periódico Médico Quirúrjico, año I, N°14, septiembre de 1868, Santiago.

[19] Elguero, Ramón, Op.cit. p. 17

[20] Ibídem,  p.20

[21]Núñez, Domingo, Del delito de contagio venéreo, Memoria de prueba para optar al grado de licenciado en la Facultad de Leyes y Ciencias Políticas de la Universidad de Chile, 1927, p. 6

[22] Núñez, Op. cit., pp. 7-8

[23] Ibídem,  p. 21

[24] Ibídem. p. 29

[25]Burr, Antonio. El secreto médico, Memoria de prueba para optar al grado de licenciado en la Facultad de Medicina, Anales de la Universidad de Chile, Tomo LI, 1877, p.600

[26]Burr, A., Op. cit., pp. 600-601

[27]Revista  Médica de Chile, Año I, Santiago, noviembre de 1872, pp. 467- 490

 .

Fuente de la imagen: Sífilis.