Ernst Gombrich, “La imagen y la aportación del espectador”

“La interpretación por parte del autor de la imagen ha de ser siempre correspondida por la interpretación del observador. Ninguna imagen cuenta su propia historia. Recuerdo una exposición en un museo de Lincoln, Nebraska, en la que se exhibían esqueletos y reconstrucciones del antepasado del caballo. Según los patrones equinos actuales, esas criaturas eran diminutas, pero se parecían a nuestros caballos en todo, salvo en la escala. Esta observación me hizo pensar en lo inevitablemente que interpretamos hasta un modelo didáctico y qué difícil es descartar ciertas suposiciones. Acostumbrado a contemplar esculturas, inclusive pequeñas estatuillas de caballos en bronce, había caído en el hábito mental de no tener en cuenta la escala al interpretar el código. Dicho de otra forma, «vi» el modelo a escala de un caballo normal. Fueron la descripción y la información verbales las que corrigieron mi lectura del código.

 

Como en todo, en esto también necesitamos un sobresalto para recordar lo que he llamado la «aportación del espectador», la contribución que hacemos a cualquier representación recurriendo al surtido de imágenes almacenado en nuestra mente. Una vez más, solo cuando este proceso no puede ocurrir porque carecemos de recuerdos nos percatamos de su función. Al contemplar la imagen de una casa, normalmente no nos preocupamos por las muchas cosas que la imagen no muestra, salvo que estemos buscando un aspecto determinado que estaba oculto en la cámara. Hemos visto muchas casas semejantes, y podemos complementar la información recurriendo a nuestra memoria, o creemos poder hacerlo. Solo cuando nos encontramos frente a un tipo desconocido de estructura nos percatamos del elemento desconcertante de toda representación”.

 

ERNST GOMBRICH, “La imagen visual: su lugar en la comunicación”, La imagen y el ojo, Editorial Debate, 1982, pp.48-49