Mujer embarazada: una mirada desde la medicina psicosomática. Santiago (1960-1970)

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Por Valentina Bravo Olmedo*

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Durante la segunda mitad del siglo XX, los médicos chilenos estaban al tanto de la importancia de los cambios tanto físicos como psicológicos que vivían las mujeres durante el proceso de embarazo. Sin embargo, fue dificultoso para los médicos aplicar, en su totalidad, estos conocimientos para atender a la población puerperal, pues la salud pública chilena no contaba con grandes recursos humanos, infraestructurales, materiales y técnicos.

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Desde 1952 el encargado de administrar y dirigir la salud en Chile es el Servicio Nacional de Salud[1]. Entre sus propósitos más importantes fueron instaurar una mayor infraestructura en hospitales y consultorios, impulsar modificaciones en las mallas universitarias para aumentar el personal médico-administrativo y promover el Programa Materno-Infantil:

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Las normas básicas del programa de Atención Materna del SNS, establece que la salud de las madres y niños tienen más alta prioridad por su magnitud y repercusión sobre el sector poblacional potencialmente productor. Es por ello que para hacer frente a este problema, el Servicio ha establecido la política de Atención Maternal, a fin de obtener la uniformidad en la metódica de trabajo, que incluye desde la información básica, la determinación de las matas, recursos y métodos para alcanzar los objetivos fijados.”[2]

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Sin duda, uno de los objetivos trascendentales del Programa fue disminuir la tasa de mortalidad de la población materno-infantil, cuya aplicación transversal consideraba al grupo neo-infantil:

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Entre 1960 y 1969, la tasa de mortalidad materna experimento un descenso de 29.90% a 18.15% en 1969; la mortalidad ocurrida durante el embarazo, causada por aborto, es de 10.68 a 6.63, las defunciones en el parto fueron de 8.74 a 5.47 y de 5.62 a 2.60 en el puerperio. Por lo que la disminución de la mortalidad materna fue más evidente en los últimos años de estudio.[3]

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Por otro lado, en las fuentes consultadas[4] se percibe que durante la década de 1960 comienza a surgir una preocupación por los cambios psicológicos y físicos de la mujer embarazada. No obstante, esta inquietud no es masiva, son pocos los documentos referentes al tema, en su mayoría escritos por Carlos Thoner[5] y Oscar Peralta[6]. Es quizás por esto mismo que no existen estudios históricos referidos a temas psicosomáticos. De esta manera, este trabajo forma parte de una investigación que comenzó hace unos meses y que pretende culminar en un trabajo más profundo y formal. Así, este ensayo intenta aportar e impulsar una discusión nueva a la historiografía nacional.

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La salud preventiva y curativa que impulsó el Servicio Nacional de Salud, desde 1952, en conjunto a sus intervenciones e interacciones con la sociedad es fundamental para entender el estado de la medicina contemporánea. Dentro de este ámbito se cumple una función social, cultural, política y económica. Es por esto que este trabajo busca analizar la documentación desde el estudio social, pues trata de dilucidar transversalmente la importancia del tema psicosomático en la salud a nivel nacional y específicamente durante el proceso de embarazo.

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Igualmente este ensayo se abordará desde la perspectiva cultural, el cual enfoca su estudio en la “preocupación por lo simbólico y su interpretación. Conscientes o inconscientes, los símbolos se pueden encontrar por doquier, desde el arte hasta la vida cotidiana, pero una aproximación al pasado en términos del simbolismo no es sino una aproximación entre otras”[7]. Asimismo, esta considera la construcción de identidades individuales[8], en este caso la identidad médica, por lo cual ayudará a captar consideraciones y la representación que debe tener el médico hacia la paciente, provocando prácticas domesticas, privadas, emocionales, imaginarios maternales, etc.

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Por otra parte, uno de los  objetivos de este trabajo es averiguar en qué condiciones se encontraba el paradigma sicosomático en la práctica médica y cómo éste influyó en la relación médico/paciente. Igualmente, nos interesa saber si esta práctica tenía como objetivo prevenir y/o curar a la mujer embarazada, como mujer, o a la madre como binomio madre e hijo.

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Para entender mejor este trabajo es imprescindible que definamos el concepto de Medicina Psicosomática: “tendencia que mira al perfeccionamiento o a la reforma de la medicina orgánica por la psicología.”[9] Es decir, es la influencia psicológica sobre las funciones del cuerpo, asimismo “la medicina sicosomática ofrece métodos para conocer y tratar trastornos orgánicos causados por conflictos o tensiones psíquicas, es decir, es un accesopsicológico a la enfermedad orgánica. Por eso puede ser objeto de investigación, enseñanza y aún de terapia. La oposición dialéctica de los psicosomático es lo somato-psíquico, que considera la influencia del cuerpo por la condición psíquica.”[10] Carlos Thoner, agrega,  “la fisiología humana comprende las acciones y relaciones recíprocas entre los fenómenos mentales y corporales, lo que constituye la totalidad de la vida. Es extremadamente difícil encontrar una afección mórbida corporal en la cual no esté comprometido concurrentemente algún sentimiento o función mental, directa o indirectamente, como causa o como defecto”[11].

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El interés médico hacia la medicina psicosomática

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Una investigación durante 1965 en torno a la Cátedra del Profesor Luis Tisné en un Consultorio de Obstetricia Psicosomática, destinado a los problemas emocionales durante el estado grávido-puerperal del Área Oriente del SNS [12] se presenta un análisis de casos atendidos desde 1966 a 1970, llegando a 700 asistidas [13], el 63,4% (444) pacientes embarazadas y 36,6% (256) que no lo estaban. De esto, resulta interesante para la investigación, los casos que fueron derivados a diferentes instituciones psicológicas.

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Experiencia sobre 700 casos de obstetricia sicosomática atendidos en la maternidad del Salvador origen de las consultas psicológicas.
Origen Número Porcentaje
Consultorios prenatales 390 55,7
Hospitalizadas en la Maternidad del Salvador 74 10,5
Enviadas por médicos, matronas, etc. 236 33,8
  700 100,0

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Por consiguiente, “Se advierte un marcado incremento de las consultas provenientes de los Consultorios Prenatales y de las hospitalizadas en la Maternidad, lo que expresa un mejor conocimiento actual de la función específica del Consultorio de Obstetricia sicosomática.”[14] En consecuencia, podemos concluir que, hay un interés creciente por la medicina sicosomática y por la salud mental de la mujer embarazada. Ahora debemos saber de qué trata ese interés y cuál su objetivo.

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Relación médico-paciente

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Este tipo de consultas se efectúa estableciéndose una relación
médico-pacienteparticularísima y, precisamente,
del reconocimiento de esta situación por el facultativo
va a depender, en gran manera, el resultado.[15]

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Existe una idea de que la “práctica de la medicina debe incluir la interrelación total del médico y paciente”[16]. Pues “todo médico es un sicoterapeuta que se ignora. Bajo la dominación de sicoterapia se entiende el conjunto de actitudes del médico hacía el enfermo. El primero expresa comprensión hacia los problemas del paciente y le manifiesta una simpatía capaz de reconfortarlo: “su mal no es misterioso, son conocidas sus causas y su remedio”. El clínico ayudará al enfermo a vencer las dificultades en que se encuentra.”[17] Del mismo modo, es bueno destacar, que esta relación médico/paciente se conlleva de forma asimétrica pues “lo  primordial desde ese ángulo es que médico y pacientes se ven identificados con status, diferentes, definidos de distintas jerarquía. Por otra parte, ambos ven un elemento esencial en esta diferencia de status, la posesión por parte del médico de una serie de conocimientos técnicos.”[18]

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Específicamente, “nunca un embarazo es indiferente para la mujer. A parte de las grandes transformaciones orgánicas que produce, siempre existe una modificación sicológica, más o menos acentuada según las circunstancias peculiares de cada enferma”[19]. De este modo, la mujer embarazada necesita de la asistencia médica tanto física como psicológica, en este sentido:

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La responsabilidad sicológica del obstetra se expresa a través de su actitud frente a la enferma. Ante una afección que nos parece sicosomática nos inspiramos en tres principios: aliviar lo más pronto posible; conquistar la confianza de la paciente y utilizar esta confianza para iniciar la sicoterapia. La única forma de ayudar efectivamente a la enferma es demostrarle un vivo y auténtico interés. Los pacientes captan en seguida la indiferencia o sensibilidad de su médico.[20]

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Por tanto, es a través de los controles, durante el embarazo, donde el obstetra debe consolidar la confianza y lograr encauzar tanto las recomendaciones físicas como psicológicas, pues como, estos mismos plantean, sus alternaciones van unidas. “Muchas veces la enferma presenta una “máscara somática” formada por múltiples síntomas orgánicos. El esclarecimiento de su verdadero origen, así como el papel de los factores orgánicos, sicológicos, y socio-culturales que intervienen en su génesis, sólo puede llegar a establecerse cuando se llega a conocer la personalidad de la asistida y sus circunstancias de vida, familiares, conyugales, socio-económicas, etc. Ello requiere por supuesto, varias entrevistas, las que deben complementarse, a veces con pruebas psicológicas.”[21] En este transcurso es importante el interrogatorio el cual “debe transformarse en una entrevista en que la enferma hable libremente, mientras el médico la escucha con interés, sin interrumpirla. Esta entrevista es la base de toda sicoterapia y es en sí misma un acción sicoterápica.”[22] Asimismo “es imperativo que el médico comprenda que saber encontrar el tiempo suficiente para escuchar los temores y aprensiones de su enferma es tan indispensable como medir la presión arterial.”[23]

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Además de la confianza, se reitera la importancia de la contención y seguridad que el médico debe transmitir a la paciente, “Si la indicación para intervenir surge de improvisto, la ansiedad de la enferma dependerá fundamentalmente de la percepción que ella alcance sobre la gravedad de la situación. Ésta indica entonces aminorar su angustia dedicando un par de minutos para explicarle, con palabras optimistas y confortadoras, lo que ella puede conocer sin inobedientes acerca de la situación materno-fetal. Esta simple conversación debería ser más cuidadosa en el caso de embarazadas con rasgos neuróticos.”[24]

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A su vez, se recalca el hecho que las recomendaciones no deben ser iguales para todas las usuarias, “hemos observado en la práctica obstétrica que las consideraciones nuestras que interesan extraordinariamente a algunas enfermas, dejan indiferentes a otras y que, asimismo, problemas que no afectan en absoluto a ciertas embarazadas, preocupan, en cambio, gravemente a muchas. Surge, pues, una necesidad de que el especialista sepa adaptarse al tipo de personalidad de la paciente.”[25]

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Esto es lo que marca la diferencia, entre una circular educativa y la consulta personalizada, pues a través de un interrogatorio el médico sabrá a qué atenerse particularmente con su paciente y recomendarle lo mejor como un ser individual. Es por esto que podemos afirmar que hay una preocupación por la usuaria como paciente única, idea que estimuló una relación más comunicativa entre médico y paciente, provocando un nuevo rol al primero, el cual es encauzar el proceso del embarazo tanto física como psicológicamente.

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Incluso Thoner, advierte que no todos los médicos realizan este trabajo que es esencial:

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El tocólogo puede y debe actuar también como sicoterapeuta en múltiples oportunidades directamente relacionadas con el cuidado obstétrico de su paciente. Sin embargo, no es infrecuente que los tocólogos tengan escasa preparación y ningún interés por materias sicológicas, lo que explica aquella actitud de rechazo o desagrado cuando sus enfermas lo consultan acerca de problemas tales como frigidez dispareunia, etc.”[26]

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Mortalidad, SNS y Medicina Sicosomática

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De esta relación médico-paciente y sus recomendaciones sería interesante cuestionarse si la preocupación iba apuntada hacia el bienestar de la mujer o del niño que esta por nacer, es difícil dar una respuesta absoluta a este cuestionamiento. Sin embargo la siguiente cita puede darnos una orientación:

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En fin principal del cuidado prenatal es reducir la morbilidad y la mortalidad materno-fetal y situar a la mujer que va a dar a luz en las mejores condiciones físicas y emocionales para soportar el esfuerzo del parto y su responsabilidad sobre el nuevo ser. La tendencia moderna de dicha asistencia acentúa la necesidad de impartir a la embarazada una instrucción apropiada sobre la naturaleza de los cambios orgánicos que experimenta y acerca del papel que le corresponderá como madre. La mujer que va a tener un hijo no sólo está preocupada por su embarazo y temerosa del parto, sino que siente aprensión por el estado en que llegará su niño.[27]

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De esto se puede interpretar que hay una preocupación binominal tanto de la madre como del hijo, pues estando en óptimas condiciones la madre, estará saludable su feto. Por lo que no sólo la salud sanitaria, preventiva, física fue esencial a la hora del cuidado maternal, sino también el psicológico.

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Sin embargo, si revisamos la documentación sobre la historia del SNS nos podemos dar cuenta que:

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Es evidente que la mortalidad infantil es uno de los problemas de medicina pública de mayor jerarquía en el contienen. Lo es, sin duda, en Chile, donde el 40,8% del total de las defunciones en 1956 correspondió a los menores de 5 años. Esta situación es la consecuencia de un saneamiento aún precario, de una educación higiénica deficiente, de una alimentación fisiológica inadecuada; el todo, expresiones del momento de nuestra cultura, de nuestro modo de vivir.”[28]

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Con el pasar de los años, “la mortalidad infantil uno de los indicadores sociales del desarrollo, se mantuvo alta en ese decenio (1952-1962). Los rápidos progresos que se obtuvieron en las décadas del 30 al 50 con la introducción de nuevos métodos terapéuticos con el control del niño sano y con la legislación de protección a la infancia y la ración de leche a embarazadas, nodrizas y niños, no mantuvo el mismo ritmo de descenso desde 1952 a 1961 a pesar de que la acción medica del SNS se intensificó en esos años”[29]. Sin embargo, los esfuerzos tuvieron frutos para la mortalidad materna: “la mortalidad materna en Chile en el decenio de 1952 a 1962, fue baja y comparable con la de los países de mayor desarrollo”[30].

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Asimismo, Hugo Behm[31] concluye que en “Chile el 30% de la mortalidad infantil sería dominantemente influida por la acción médica directa y que un 29% estaría vinculado en forma predominante a factores socio-económicos ambientales”[32]. Descartando de alguna forma la perspectiva psicosomática, aunque no absolutamente pues los factores sociales van ligados a los psicológicos. A pesar de esto, de todo lo anterior, podemos proponer que la medicina psicosomática, desde la perspectiva de los objetivos del SNS, viene a apoyar un sin número de paradigmas médicos para disminuir la mortalidad infantil. Por tanto, los objetivos de este, en la práctica, es el hijo, y la madre como mediadora de este cuidado. 

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Conclusión

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Finalmente, se puede afirmar que la durante la década de 1960 surge como paradigma clínico la medicina psicosomática, la cual relaciona el estado emocional con el físico, éste comienza a ser utilizado por algunos médicos de la época, incluso podemos ver el trabajo investigativo de Tisné donde gran cantidad de puérperas son derivadas a un tratamiento psicológico. Es así como esta línea psicológica hace emerger un nuevo rol más comunicativo del médico tratante, el cual debe, además de diagnosticar enfermedades, mantener una relación de confianza y encausar psicológicamente a su paciente. Igualmente, podemos ultimar que el papel de la mujer embarazada surge como “caso clínico” único y como binomio madre/hijo retroalimentando su cuidado. Sin embargo, desde la perspectiva del Servicio Nacional de Salud, la medicina sicosomática tiene un rol apoyo para disminuir la mortalidad infantil, pues la materna, para el decenio estaba controlada.

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Valentina Bravo Olmedo es Licenciada en Historia, Profesora en Historia y Bachiller en Humanidades de la Universidad Andrés Bello.


[1]Véase  Revista del Servicio Nacional de Salud. (Órgano Oficial) 1956-1958 y Boletín del Servicio Nacional de Salud (1955-1966). Desde ahora en adelante SNS.

[2]Rodríguez, Fernando; López, Lucía; Notari, Margarita, “Mortalidad Materna en Chile” en Revista Médica de Chile, Vol. 98, n°10, octubre de 1970, p. 858.

[3]Ídem

[4]Revista del Servicio Nacional de Salud; Boletín del Servicio nacional de Salud.; Revista Médica de Chile.; Revista de Obstetricia y Ginecología.; Revista de Psiquiatría Clínica y Revista del Hospital Psiquiátrico. Todas de 1960 a 1970.

[5]Médico salubrista, Docente de la Universidad de Chile, Hospital Salvador. Fue miembro del “Grupo de Integración Médico-Psiquiátrico”, Área Hospitalaria Oriente, Santiago de Chile.

[6] Médico del Servicio Nacional de Salud, profesor Universidad de Chile, Hospital San Juan de Dios, Santiago, Chile.

[7]Burke, Peter, ¿Qué es la historia cultural?, Paidós, Barcelona, 2006, p.15.

[8]Ibídem, p.45.

[9] Wolfgang, Krestchmer, Corriente y tendencias de la medicina psicosomática en Europa”, en Revistas  de Chile, vol. 89, n°1, enero, p.54.

[10]Ídem.

[11]Thoner, Carlosy  Torreblanca, Jorge, “El enfoque sicosomático en Obstetricia” en Revista Chilena de Obstetricia y Ginecología, Vol.30, n°2, abril, 1965, p.65.

[12]Thoner, Carlos., “Experiencia sobre 700 pacientes asistidas en el consultorio de obstetricia sicosomática en la maternidad del Hospital del Salvador.”, en Revista Chilena de Obstetricia y Ginecología, Vol. XXXVI, n°3, 1971, p.167.

[13]Ídem

[14]Ibídem, p.170.

[15]Thoner, Carlos., Psicología de la Anticoncepción, en Revista Médica de Chile, Año 99, n°1, enero, 1971, p.71.

[16]Peralta, Oscar., “Medicina Psicosomática y enseñanza médica”, en Revista Médica de Chile, Año 93, n°12, 1965, p.782.

[17]Thoner y Torreblanca., “El enfoque…”, p.129.

[18]La Psiquiatra clínico y psiquiatría social, en Revista de Psiquiatría Clínica, vol. III, N°1, 1964. pp.60-61.

[19]Ibídem, p.120.

[20]Thoner y Torreblanca., “El enfoque…”, p.125.

[21]Thoner, “Experiencia sobre…”, p.169.

[22]Ibídem, p.125.

[23]Ibídem, p.121.

[24]Thonet, Carlos y Ulloa, Octavio., “Aspectos sicológicos de la anestesia en Obstetricia” en Revista Chilena de Obstetricia y ginecología, vol.31, n°2-3, marzo-junio, 1966, p.130.

[25]Thoner, Carlos., “Observaciones sobre la personalidad de la madre” en Revista Chilena de Obstetricia y Ginecología, VXXXV, n°3, 1970, p.89.

[26]Thoner, Carlos., “Algunos problemas sexuales de la mujer” en Revista Chilena de Obstetricia y Ginecología, Vol.30, n°3, mayo-junio, 1965, p.209.

[27]Thoner y Torreblanca., “El enfoque…”, p.121.

[28]“Editorial: Mortalidad infantil”  en Revista del Servicio Nacional, 1956 octubre, vol. 1, n°2., p.107.

[29]SNS, Mortalidad Materno-Infantil en Boletín Vida Médica, Vol. XV, Nª1, enero de 1963, p.31.

[30]Ídem

[31]Médico salubrista Universidad de Chile.

[32]Molina, Montoya,  Jiménez., “Desarrollo económico y salud: la salud en función del desarrollo económico en América Latina” en Revista Chilena de Pediatría. 1964, vol. 5, nº2y3, junio – septiembre pp. 14-27.

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Fuente de la imagen: Embarazo

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