Paul Ricoeur, “¿Qué es un texto?”, en Historia y Narratividad (Barcelona, 2009)

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Paul Ricoeur, “¿Qué es un texto?”. En Historia y Narratividad, Paidós, Barcelona, 2009, pp. 59-81.

Por Felipe López Pérez*

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En el ensayo “¿Qué es un texto?”, el filósofo francés Paul Ricoeur (1913-2005) intenta explicar, a través del análisis de los planteamientos epistemológicos de Wilhelm Dilthey y de la corriente estructuralista, las implicancias que tiene este concepto como base del entendimiento humano.

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En género, el texto –tanto en la mímesis como en la poiesis– puede ser abordado desde dos perspectivas o enfoques; la primera es la interpretación y, la segunda, la explicación, cuyo sentido ha zozobrado en las aguas del cientificismo, generando algunas doctrinas de la acción muy distintas a su sentido y significación prístina.

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Sobre una tipificación de la comprensión y la interpretación, elementos centrales de la explicación, Ricoeur señala que la primera es “el proceso mediante el que conocemos algo psíquico con ayuda de los signos sensibles en los que se manifiesta” (p. 65). En efecto, lo segundo, “es un sector particular de esta comprensión…” que aporta a este concepto precedente, el grado de objetivación, a través de la fijación y la conservación que la escritura le confiere a las manifestaciones del hombre, introducidas de forma duradera en los testimonios humanos y los monumentos.

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En este sentido, el filósofo francés señala que todo texto es en sí una escritura adscrita a una gramática universal, al lenguaje (subjetividad que nos funda como seres simbólicos y pensantes, y que permite la lectura de las relaciones discursivas e históricas de la sociedad occidental). Esto último se refiere al entramado de vínculos latentes y patentes entre el ser, la existencia (Dasein), el deber ser (lo ideal), el conocimiento (episteme) y los caminos imaginarios y corpóreos de la realidad. Obviamente, lo anterior está vinculado con el buen ejercicio de la razón (noumeno) y su mediación de los fenómenos intra y extra natura. Empero, lo que pretende Ricoeur no es teorizar acerca del lenguaje, sino más bien aplicar y comparar las corrientes formalistas de la lingüística estructural con la fenomenología y la hermenéutica en la vida del hombre.

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La tesis central del artículo, no es dar respuesta a la interrogante planteada en forma retórica en el título, sino por el contrario iniciar –a partir del concepto intersubjetivo de texto- un camino hacia la antropología textual, cuyos eje centrales son el sentido, la experiencia, la escritura y la memoria.

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El texto, un dispositivo de la cultura: Ricoeur y el análisis estructural del relato.

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Por una parte, la noción correlacional del texto en Ricoeur recuerda a los trabajos de estética de la creación verbal del lingüista Mijaíl Bajtín (1895-1975). Este último propuso una base de análisis de los textos fuera de la lógica del formalismo tradicional, especialmente rusos, adentrándose en los géneros discursivos y en la noción del dialogismo, es decir, en la presencia de una o más referencias explícitas e implícitas de otras obras de carácter específico y universal. La diferencia está en la connotación que se les dé a éstas y en la relación autor/lector que se produce en el seno de una cultura determinada. Asimismo, con el solo hecho de comunicar a través de los símbolos de la escritura, todo documento se desprende de la intencionalidad de su autor, guardando para sí una ideología adscrita a los valores, lo imaginario y las significaciones colectivas de una sociedad.

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Por otra, según los teóricos del “análisis estructural del relato” (Barthes y Greimas, entre otros), todo texto fue creado para su lectura, ya que estos generan un grado de intelección e imaginación en el receptor. De acuerdo a Iuri Lotman (1922-1993), especialista estonio en semiótica y cultura, un texto es un artefacto cultural que no tiene fronteras, y que habla tantas voces como enunciatarios haya (en stricto sensu, Lotman acuña el concepto de “poliglotismo”). Sobre este último punto, se puede relacionar, independiente del documento (imagen, símbolos y códigos [cultura escrita y visual]), lo condicionante que resulta su lectura e interpretación por parte del o los lectores en un contexto subjetivo determinado. Hay un punto que el lenguaje implícito y explícito del texto se apropia del sujeto y sus creencias. Por ejemplo, no es lo mismo leer un libro de amor es un marco temporal en que el lector ha terminado una relación de noviazgo de años. De seguro, su interpretación estará mediada por su pasión más que por su razón.

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En cuanto al concepto de heteronomía, término utilizado larvadamente por Ricoeur en su reflexión, se refiere a cómo un elemento de carácter imaginario, que se encarna en las instituciones y que representa el deseo colectivo de los sujetos, genera una pauta ético-moral y de acción. En este caso, un texto es heterónomo cuando construye o representa la realidad, ordenándola antojadizamente y dejando la interpretación hic et nunc (aquí y ahora) como una visión arbitraria unitaria, hegemónica y homogénea de los hechos escritos, la realidad y la memoria. Por ejemplo, el “presentismo” (propio del pensamiento racionalista occidental, y en el que se asume una explicación anacrónica) intenta establecer normas y estratagemas cientificistas en el texto, es decir, se asume como una prueba que puede ser sometida a un proceso de validez metodológico y verosimilitud. De ahí, dice Ricoeur, que exista un problema con la noción de explicación en los relatos, principalmente históricos.

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En el caso de las fuentes, testimonios y monumentos (escritos), el planteamiento del hermeneuta francés, constituye una apertura epistemológica hacia la comprensión total del espíritu del texto (autónomo e independiente del enunciador y del enunciatario) y del hombre, en donde que el individuo asume su subjetividad y la de otros.

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En cuanto a su estructura, un texto desarrolla en su poiesis, estrategias discursivas en las que se indican a los actantes los predicados de acción. Esta particularidad del relato, Ricoeur la consigna de la siguiente forma: “surge de la propia esfera del lenguaje, mediante una transferencia analógica de las pequeñas unidades de la lengua (fonemas y lexemas) a las grandes unidades superiores de la frase, como el relato, el folclore y el mito.” (p. 73)

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Siguiendo con la idea anterior, el texto es independiente en forma, en estructura y en esencia, empero, dado ese orden o esas categorías, el sujeto puede comprender y explicar el contenido latente y patente de la comunicación. No obstante, el orden del discurso, es decir, la relación entre texto y sociedad, genera un dominio sobre éste desde el o los saberes. Por lo tanto, es la cosmovisión la que se ve afecta al engranaje imaginario y la formación de objetos e instituciones configurados en el tiempo. Se trata de una normalización perenne, a través de los textos, y un control mediante las distintas tramas e ideologías en las que el hombre entiende y se explica a sí mismo.

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Respecto de la apropiación del espíritu del texto, Ricoeur señala que la lectura es una intelección, una mediación y aproximación de lo que intenta decir y no decir el texto. Es un susurro directo a las fauces de la imaginación y la memoria. El hombre como ser simbólico está sujeto a la significación, a la semántica de las unidades micros y macros del discurso. En dicho proceso confluyen, tal como se ha consignado, la subjetividad y el tiempo como medida. Asimismo, esta dinámica comprende la constitución del self, (del sí mismo y los otros) y la del sentido. Ambos elementos son simultáneos. Cuando un individuo asimila el contenido de un texto está, en lo que indica este autor, aproximando, igualando y volviendo propio algo ajeno.

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Ampliando la idea anterior, a pesar de la inmediatez presente del texto (hic et nunc), Ricoeur plantea que la “interpretación, antes de ser un el acto del exegeta, es el acto del texto como escritura, memoria y experiencia. Por lo tanto, la relación entre la tradición y la interpretación pertenecen solo al texto y no a otro. Por antonomasia, interpretar para el exegeta, consiste en ir en el sentido indicado por la relación de interpretación que conlleva el texto” (p. 79). Sobre este punto, el hermeneuta francés es claro: debe haber siempre una relación entre los distintos estratos de tiempo y de significación ad intra y ad extra del texto y el sujeto.

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Felipez López es Periodista y Licenciado en Comunicación Social y Licenciado en Historia por la Universidad Católica de la Santísima Concepción. Actualmente cursa el segundo semestre del Magíster en Historia, mención Historia Económica y Social, de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.