Roger Chartier, “La noción de representación”

“Para el historiador de las sociedades del Antiguo Régimen, construir la noción de representación como el instrumento esencial del análisis cultural es otorgar una pertinencia operatoria a uno de los conceptos centrales manejados en estas mismas sociedades. La operación de conocimiento está así ligada al utillaje nocional que los contemporáneos utilizaban para volver menos opaca a su entendimiento su propia sociedad. En las antiguas definiciones (por ejemplo, la del Dictionnaire universal de Furetiêre en su edición de 1727), las acepciones de la palabra “representación” muestran dos familias de sentidos aparentemente contradictorios: por un lado, la representación muestra una ausencia, lo que supone una neta distinción entre lo que representa y lo que es representado; por el otro, la representación es la exhibición de una presencia, la presentación pública de una cosa o una persona. En la primera acepción, la representación es el instrumento de un conocimiento mediato que hace ver un objeto ausente al sustituirlo por una “imagen” capaz de volverlo a la memoria y de “pintarlo” tal cual es. De estas imágenes, algunas son materiales, sustituyendo el cuerpo ausente por un objeto parecido o no: como los maniquíes de cera, madera o cuero que se colocaban encima del ataúd real durante los funerales de los soberanos franceses e ingleses (“cuando vamos a ver a los príncipes muertos en sus lechos de desfile, sólo vemos la representación, la efigie”) o, más generalmente y más antiguamente, la litera fúnebre vacía y recubierta por un paño mortuorio que “representa” al difunto (“Representación se denomina también en la iglesia a un falso ataúd de madera cubierto por un velo de duelo, alrededor del cual se encienden velas, cuando se realiza un servicio para un muerto”). Otras imágenes juegan sobre un registro diferente: el de la relación simbólica que, para Furetière, es “la representación de algo moral mediante las imágenes o las propiedades de las cosas naturales (…). El león es el símbolo del valor, la gallina el de la inconstancia, el pelícano el del amor maternal”. Se postula entonces una relación descifrable entre el signo visible y el referente significado, lo que no significa que se lo descifre tal cual como se debería”.

 

ROGER CHARTIER, El mundo como representación. Estudios sobre historia cultural, Gedisa, Barcelona, 2005, pp.57-58

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