Los modelos explicativos en el estudio de la Historia: algunas reflexiones a la luz de la Historia Económica y Social.

Por Boris Araya Valencia*

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Al analizar las lecturas tanto de Charles Tilly y Leslie Wood (“Los movimientos sociales 1768-2008”), como asimismo de Fernand Braudel (“Civilización material, economía y capitalismo, siglos XV-XVIII”), J. L. Anderson (“Explaining long-term economic change”) y Alain Peyrefitte  (“La sociedad de la confianza”) habría que destacar la existencia, a pesar de lo disímiles que puedan parecer a primera vista las temáticas por ellos tratadas, la existencia de un punto común, y que consiste de acuerdo a mi análisis, en la demostración de formas de hacer historia, ligadas a lo social y a lo económico, pero que buscan o proponen explicaciones para fenómenos, que utilizando la conceptualización de la Escuela de los Annales, hemos de denominar, “Larga Duración”. Por lo tanto, este ensayo pretende dar cuenta, dentro del plano historiográfico, de los temas y problemas abordados por los autores en función de un análisis crítico de sus postulados.

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Historia y modelos explicativos: un dialogo fructífero

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Alain Peyrefitte en “La sociedad de la confianza”[1] propone que una explicación satisfactoria al problema del binomio desarrollo-subdesarrollo debería de considerar además de lo económico aspectos de índole mental y cultural, preguntándose si es que a acaso no son éstos aspectos los que repercuten y propician los cambios económicos, y no al contrario como se tiende a pensar. De esta manera, “el motor del desarrollo radica en ultimo termino en la confianza otorgada a la iniciativa personal, a la libertad exploratoria e inventiva…”[2] considerando que una sociedad “arranca” (cual pila atómica dice el autor) tanto por una serie de reacciones en cadena en el seno de su propia cotidianeidad, como también cuando adquiere características desconocidas en comparación a sus vecinos. Punto interesante el que plantea este autor, dado que al considerar en su explicación del desarrollo económico, otros factores de índole cultural o mental, está poniendo en el tapete  algunos puntos, que varios años antes ya, Braudel había esbozado en su obra “Civilización material, economía y capitalismo, siglos XV-XVIII”, sobre todo en el tomo 1, “las estructuras de lo cotidiano”[3], aunque ciertamente no haga alusión en específico a factores mentales propios de los individuos, si por lo menos considera más allá de las grandes teorizaciones económicas, el plano de lo material de la vida cotidiana, pues para Braudel, lo económico está antes de lo social, y lo social antes de lo mental, por tanto bajo esa lógica se comprendería mejor el por qué no incorpora aquello de lo que Peyrefitte le critica en parte (la no presencia de lo mental en su análisis).

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En efecto, para Braudel, en “las estructuras de lo cotidiano”, su propósito es realizar, parafraseando al autor, una ponderación del mundo con anterioridad a la Revolución Industrial, analizando la “vida material”, esa zona oscura “que se extiende por debajo del mercado; es la actividad elemental básica que se encuentra en todas partes…”[4]. Incorporando elementos tales como la demografía, el vestido, la alimentación, la vivienda, las técnicas, la moneda y las ciudades[5], Braudel  traza un panorama de la vida humana, en general, en sus distintas facetas; vida humana y económica habríamos de agregar, donde este último aspecto resulta esencial por cuanto permite apreciar en aquellos eventos de “corta duración” -los hechos de la vida cotidiana- , que son la base de la sociedades y que permiten diferenciar unas de otras, las repercusiones que los mecanismos de la vida económica van creando en la cotidianeidad, cambios muchas veces imperceptibles, asociados a tiempos más largos que la sola vida de un hombre. Así, lo que a simple vista parece superfluo (históricamente hablando) como la forma de vestirse o de comer, permite valorar cómo y por qué unas sociedades se comportan de una determinada manera, creando y recreando sus propios mecanismos históricos sociales y económicos, los cuales dan cuenta de una forma de ver y entender el mundo, que no es estática sino por el contrario sumamente dinámica, aunque este dinamismo se presente en escalas de tiempo diversas.

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Por otra parte,J. L. Andersonen su obra[6],propone vinculado a lo anterior, la importancia de la utilización de modelos (capítulo 1), en este caso económicos, a fin de reducir la complejidad de la experiencia social a las proporciones manejables para los propósitos analíticos y explicativos[7] requeridos, en este caso por la historia, pues en esencia lo que busca la historia es explicar la realidad, para lo cual la utilización de modelos resulta esencial. Y más esencial aún cuando lo que se busca explicar son problemas de larga data, como los cambios económicos que proyectados, arrojen luces sobre por qué unos países son más ricos que otros, o por qué algunos han alcanzado el “desarrollo”, mientras que otros aún se encuentran en “vías” de hacerlo, por ejemplo.  Así también, en el capítulo 2de su obra, Anderson expone el modelo sobre cambios económicos basados en el mercado, el cual siendo propuesto por Adam Smith (1776) aún presenta validez como modelo explicativo, incluso más que las modernas teorías económicas, dado que este autor se preocupa del largo plazo, al analizar el crecimiento económico o en términos más generales el desarrollo; lo mismo corre para Hycks, continuador de la línea planteada por Smith, pues éste analiza el ascenso, desarrollo y dispersión de los mercados. No obstante a pesar de la importancia que este tipo de modelos económicos pueda proporcionar a la historia, hay que considerar que no son modelos comprensivos históricamente hablando, al dejar fuera una serie de factores, por ejemplo de índole no económica (pensemos en la educación por ejemplo) que se aceptan consensualmente como factores que repercuten en las dinámicas económicas.     

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Ahora bien, Tilly y Wood[8], hacen alusión a un tema que si bien parece no relacionarse con lo hasta aquí tratado, por el contrario tiene puntos en común, si consideramos que la necesidad de comprender que en la historia, varios fenómenos humanos  pueden ser “historiados”, teniendo con ello un punto de partida, un origen, el cual puede ser determinado si, como plantean estos autores, se han de considerar para ello algunas características esenciales que sólo se presentan (como forma de matriz explicativa o modelo), para el tema que a los autores les interesa, es decir los movimientos sociales, a partir del siglo XVIII y con continuidad (aunque con ciertas variaciones y adaptaciones propias de cada contexto histórico) hasta la actualidad. En efecto, para Tilly y Wood, los movimientos sociales son constructos históricos que responden a una forma de “lucha política inventada”, donde las reivindicaciones de unos chocarán eventualmente con los intereses de otros (en general los gobiernos juegan aquí un papel importante dado que son objeto, muchas veces, de dichas reivindicaciones). De esta manera la historia para estos autores, viene a jugar un rol preponderante al considerar la explicación de los movimientos sociales como fenómenos de larga duración, pues permite apreciar los cambios producidos en ellos a lo largo del tiempo, las condiciones políticas que propiciaron su aparición, como asimismo permite apreciar las características esenciales que los hacen diferenciables de otras luchas política.

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Si tomamos los movimientos sociales como un ejemplo de cómo el uso metodológico de modelos económicos para explicar la realidad, si bien contribuyen a comprenderla de mejor manera y sustentar además los simples hechos dándole un marco teórico desde el cual asirse, considero que muchas veces este tipo de fenómenos (movimientos sociales) quedan fuera de dichos modelos, a pesar de que muchas veces las reivindicaciones que plantean estos movimientos son producto de las dinámicas económicas (o de otra índole) de la vida cotidiana o bien repercuten en la economía de un determinado lugar[9] (ejemplos podrían ser protestas ecológicas, desempleo, sólo por nombrar algunas), por lo cual la utilización de modelos si bien es necesaria hasta cierto punto como complemento y sustento metodológico, su uso como lo expone Anderson en su texto, debe ser matizado y complementado, a fin de que nosotros podamos formarnos nuestras propias opiniones respecto de lo que se está estudiando y no  simplemente ser una especie de cautivo de las propuestas de algún filosofo o teórico desconocido, en palabras del mismo autor.

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Por otra parte, si bien las lecturas nos demuestran algunas expresiones historiográficas relativas a los temas sociales y económicos, no concuerdo del todo con algunos de sus planteamientos en cuanto por ejemplo Tilly asocia a los movimientos sociales con luchas políticas necesariamente, a lo cual yo agregaría que si se piensa tan solo como la búsqueda de espacios de participación ciudadana estaría dejando de lado ciertamente, el hecho de que el motivo y génesis de sus reivindicaciones no necesariamente apunta a ello, dado que al decir de Braudel en otra de sus obras, “las ambiciones en la historia”[10], la economía (como un punto en torno al cual podrían girar las reivindicaciones de los movimientos sociales) es un haz de variables y la sociedad una acumulación de aspectos, a veces muy dispares, agregando que para él la sociedad es un conjunto de los conjuntos y por tanto la economía es un muy vasto subconjunto, que no está solo y que se sitúa al lado de otros subconjuntos, como son la cultura, la jerarquía social, el Estado y la política, es decir, pensar a los movimientos sociales desde la óptica de que sólo son una contienda política, limitaría su alcance como modelo histórico explicativo, pues al incluir la posibilidad de otras perspectivas en cuanto al génesis de los mismos, se estarían complementando sus postulados enriqueciendo el análisis que se puedan hacer del conjunto de movimientos sociales.   

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Complementario a lo anterior, Peyrefitte en “La sociedad de la confianza”, ejemplifica, esta vez en función de explicar el “desarrollo” que, una posible respuesta ante este problema, pasa por la inclusión de elementos que, en este caso particular, la teoría o modelos económicos, dejan fuera. Así cuando expone el factor de la educación en perspectiva histórica, y considerando además su planteamiento de la separación entre los países católicos y protestantes, origen de que los segundos alcancen el desarrollo rápidamente desdela Reforma, al contrario de los primeros, propone que existe en algunos países como España, Italia y Rusia, una inhibición de los factores culturales de desarrollo producto dela Contrarreforma, aunque es consciente de que su explicación puede pasar por otros factores también (urbanización, distribución de ingresos agrícolas, etc.) estos resultan insatisfactorios, si sólo se considera la perspectiva económica, pues  bajo el marco explicativo que él propone, y al cual adherimos, tendríamos que ya hacia el siglo XVIII (e incluso después) es constatable el hecho de la preponderancia y dominio que adquiere la Iglesia Católica en ciertas sociedades, pues la adquisición de las letras podría eventualmente resultar perjudicial para esta institución, al escapar el individuo de su control.

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Por otra parte, me parece ciertamente una aproximación sumamente valiosa la que hace Braudel en “Las estructuras de lo cotidiano”, en cuanto propone en su obra el intento de realizar “una visión de conjunto de todos sus aspectos (de la vida material), desde la comida hasta el mobiliario, desde las técnicas a las ciudades…”[11] en lo que a nuestro juicio se acercaría mucho a ese ideal de la “historia total”, que de cierta manera proponela Escuela de los Annales, en cuanto englobar aspectos que en general pasan desapercibidos para los historiadores, como por ejemplo los relativos a la vida cotidiana, o bien centrados en la descripción de los mismos, cuestión que Braudel muy por el contrario deja un tanto de lado para centrarse en esas “series” de sucesiones de eventos, y lo que subyace a ellos, la “larga duración”, en busca de esas constantes históricas que son más patentes de acuerdo al análisis que hace el autor, en los mecanismos de la vida cotidiana (formas de intercambio, relevancia de la demografía, hábitos de consumo, producción, etc.) de esto que ha venido a llamar “socioeconomía” en referencia a la importancia del factor económico en el desarrollo de las sociedades, aunque ciertamente, consciente de que por sí solos ambos conceptos no bastan para comprender la realidad.

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No obstante, Braudel, y he ahí también lo que enriquece su análisis, es conocedor de que no ha podido ni con mucho, tomar todos los aspectos relativos por ejemplo a la población, la alimentación, etc. pero aún así los pondera y sitúa a escala mundial, por decirlo así, al considerar no sólo Europa o una región específica del mundo para sus análisis, sino que va comparando y explicando en función de dar un panorama de conjunto sobre las respuestas que los hombres proponen, en un medio físico determinado.  

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En definitiva, como conclusión de este ensayo creo pertinente mencionar que el conjunto de lecturas, muestran un panorama de los avances, temáticas y sobre todo aspectos metodológicos que han contribuido a complementar los análisis de la historia económica y social. En efecto, “el peso del número” en palabras de Braudel, viene a ser incontestable desde la perspectiva económica y social, no por sí mismo, sino que el número o las cifras como indicadores de la realidad histórica, complementos necesarios para el investigador quien busca no la mera descripción o cuantificación de los datos, sino en qué medida esos datos sirven para explicar un problema, contribuyendo a pensar y re-pensar la historia desde otras ópticas, con el fin de acercarse a aquellas realidades para el investigador poco conocidas, es decir, intentar adentrarse en una época en busca de su comprensión, en lo posible, global.  

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* Boris Araya Valencia es Profesor de Historia, Geografía y Ciencias Sociales y Estudiante de Magíster en Historia con mención en Arte y Cultura de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.


[1] Peyrefitte, Alain, La sociedad de la Confianza, Editorial Andrés Bello Española, Barcelona, 1996.

[2] Ídem, p.24

[3] Braudel, Fernand, Civilización material, economía y capitalismo, siglos XV-XVIII. Tomo 1, “Las estructuras de lo cotidiano”, Alianza editorial, Madrid, 1984.

[4] Ídem, Braudel, Introducción, p.2

[5] Utilizando una diversidad de documentos acordes a los temas estudiados, desde relatos de viajeros, a registros parroquiales por citar un par de ejemplos, para lograr el objetivo propuesto de acercarse y desentrañar en la vida cotidiana aquellos mecanismos que se mantienen en el tiempo.

[6] Anderson, J.L., Explaining long-term economic change, Cambridge Economic Press, 1995

[7] Ídem, Anderson, p.4.

[8] Tilly, Charles; Wood, Leslie, Los movimientos sociales 1768-2008.Desde sus orígenes hasta Facebook, Editorial Critica, Barcelona, 2010.

[9] Aunque bien sabemos, como lo expone el mismo Tilly, que con el transcurrir del tiempo estos movimientos han ido adquiriendo características nuevas asociadas a procesos comola Globalización, la masificación de los medios de comunicación de masas, el sistema económico imperante y sus dinámicas transnacionales, etc.

[10] Vs. Braudel, Fernand, Las ambiciones de la historia, Editorial Crítica, Barcelona, 2002,  p. 256 -257

[11] Braudel, Fernand, Civilización material, economía  y capitalismo siglos XV-XVIII. Tomo1, “Las Estructuras de lo cotidiano”, Alianza editorial, Madrid, 1984, p.491.