Héctor Herrera Cajas, “El presente, tiempo de la acción”

“En este momento, podríamos preguntarnos: ¿Quiere decir esto que la actitud histórica, dado que la actitud histórica es esta presencia que corresponde al momento presente, es un ser entre un pasado y un futuro, un pasado que puedo cotizar como recuerdo y un futuro que puedo valorizar como esperanza? ¿Es ese nuestro contenido histórico: Ser entre el recuerdo y la esperanza? Pero, ¿y dónde queda la acción? Es por eso que, en estas relaciones  temporales debemos encontrar algunas características propias también de la acción histórica, que no sean tan inefables como esta relación: recuerdo y esperanza. Veo la historia como un proceso queda testimonio de resoluciones y decisiones, de tal manera que, donde encontremos constancia de resoluciones o decisiones podemos asegurar que está la historia. Pero es evidente que detrás y otras está el hombre, un hombre capaz de tomar resoluciones y de actuar  de acuerdo con sus decisiones; Un hombre bien personalizado, sujeto y es por eso que quiero considerar ahora la acción en esta relación directa con el hombre, como sujeto de la historia, y ver otros tipos que se dan, y que se suponen acciones históricas, pero que si las analizamos  nos daremos cuenta que, en ellas, no podemos encontrar esta preponderancia de las resoluciones y las decisiones y que, por lo tanto, de podemos predicar una actitud histórica propiamente tal. Pensemos por ejemplo, en acciones que corresponden al campo de la que pueden ser mecánicamente explicadas; cuya explicación podemos encontrarla  en el campo de la biología, de la sociología, de la Economía,… etc.; Estas acciones, a veces, cobran gran importancia dentro del curso de la historia, pero tendríamos que preguntamos ¿son ellas fundamental mente historia? En cuanto se remiten a otra explicación que no sea la de las resoluciones o decisiones, afirmó categóricamente que no constituyen la historia.Tomemos el caso  de la bola de nieve; la bola de nieve parte, va creciendo, en que si le tomamos una instantánea, evidentemente tiene ciertas características que le asemejan al presente; es una gran avalancha que se viene encima; dentro de ella, hay una gran complejidad, desde la complejidad molecular hasta todo lo que trae comprometido en su curso vertiginoso. Podríamos pensar que, a veces, la presenta también así, como una bola de nieve, sujeta a una inapelable y que, por lo tanto, podemos explicar, recurriendo a esa legalidad, cómo aconteció que esta bola de nieve comenzó a n tomando la magnitud con que ahora la encontramos. Y, en cuanto le conviene ese tipo de explicación no hay allí historia; su curso era inevitable sin ninguna novedad, fuera de las que podían también haber sido previstas Pero una auténtica, originaria, espontánea, personal novedad, que dudo de decisiones repentinas, que a veces hay que tomar, o de resoluciones  tranquilas y meditadas, que a veces se pueden tomar, nada podrá encontrar en estos acontecimientos mal llamados históricos pueden explicarse recurriendo a una legalidad ajena al campo de la historia. Este ejemplo  trasladado al campo de la historia, permite preguntar ¿Toda acción, o el acumular acción a la acción, es de suyo histórica? ¿Podríamos  encontrar sentido a la acción que sólo se acumula a la acción? Evidentemente que no reside allí el sentido de la historia, aun cuando adquiera aparentemente un volumen descomunal, como el que de nieve un momento antes de detenerse y deshacerse. En cambio, muchas veces, nos damos cuenta que la acción puede ser mero actuar por presencia, es decir, una acción donde no donde hay sólo presencia, o bien una acción que puede ser aún la de la acción y esa no-acción tiene más importancia en la historia engañosa acción de gran volumen que puede ser pura apariencia como hemos dicho  nos movemos en un mundo lleno de apariencias  de  acciones que no están enraizadas en la historia, que no tienen ningún  compromiso con el pasado ni con el futuro, que se agotan presente, de acciones que no tienen sentido dentro de la historia de toda dimensión y, por lo tanto, de contenido histórico”.

 

HÉCTOR HERRERA CAJAS, “El presente, tiempo de la acción”, Mapocho, núm. 1, Santiago, 1963, pp.279-284