Dinámicas de intercambio y aculturación en las zonas fronterizas de Chile: una aproximación a las relaciones culturales entre españoles e indígenas durante el período colonial

Por Sonia Martínez Moreno*

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En las fronteras de la Hispanoamérica colonial, además de las políticas de conquista por parte del viejo continente, se fueron construyendo dinámicas de intercambio cultural entre españoles e indígenas, de modo que, los tipos de contacto y las formas de relacionarse, se adecuaron a las necesidades y estrategias de las zonas fronterizas[1]. Estas  zonas surgieron a través de la necesidad de los españoles de desplegarse y dominar todo el territorio americano y así asegurar su hegemonía por el nuevo continente, en cambio, las fronteras establecidas por parte de los indígenas, surgieron como un espacio para defender y poner resistencia ante la usurpación española y de otros europeos sobre sus tierras.

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En relación a este problema, el presente ensayo tiene como objetivo analizar las aristas de las relaciones fronterizas en Chile colonial que se puntualizan en las siguientes preguntas: ¿Cómo se desarrollan los dos tipos de aculturación en las fronteras del sur de Chile? ¿Cómo la resistencia indígena y la dominación española sufren una transformación en sus modos de operar desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII? Y ¿De qué manera las culturas indígena y occidental toman elementos materiales y de estrategias del otro para sobrevivir y defenderse? A partir de estos problemas, se analizarán algunas lecturas que abordan el transcurso del desarrollo cultural y de traspaso en las fronteras de la Patagonia Chilena, revisando cómo la mentalidad de la expansión española va cambiando a beneficio o perjuicio de una cultura ancestral como la de los indígenas.

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Las zonas de distancia y acercamiento entre dos culturas, que se fueron produciendo en las distintas colonias en América, se deben a la creación de ciudades por parte de los españoles en las zonas céntricas de cada región, lo cual fue diferenciando dos prototipos de indígenas americanos;  por un lado, el indígena civilizado y sedentario, que se encuentra en la ciudad bajo el yugo de la iglesia y la sociedad española y, por otro lado, el indígena bárbaro que vive en los hinterlands  y zonas fronterizas, aquel que aun mantiene resistencia ante un posible avance y dominación de españoles en sus tierras. Cabe mencionar que las fronteras  hispanoamericanas eran un espacio de intercambio y choques culturales, en donde a diferencia de los centros urbanos, resultaba ser un espacio dinámico entre el militar español, el indígena salvaje y el misionero, entre otros. En este espacio fronterizo confluyen las luchas de dos mundos, donde el indígena pone barreras en toda la zona desconocida por el español y la frontera deja de ser un muro imaginario, tornándose un territorio amplio y desconocido que se encuentra dominado por el nativo nómade. Por lo tanto, la presión española ejercida en la zona fronteriza, provoca una actitud barbárica en las distintas tribus que se encuentran en la zona visible de la frontera y en los hinterlands. Fernando Opere[2], en su obra Historias de frontera: el cautiverio en la América hispánica, hace mención sobre las fronteras como un espacio dinámico y vivo. Tal como expone en su texto:

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…las fronteras no son, simplemente, líneas de separación entre la civilización y la barbarie, tampoco áreas periféricas de imperios o naciones. Las fronteras son cuerpos vivos que, como tal, tienen una estructura mutable a medida que reciben el flujo de desplazamiento de los sujetos y elementos que la componen…[3]

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La frontera es un espacio transicional entre ambas culturas, donde se relacionan de forma violenta por medio de guerras o de forma diplomática llegando a acuerdos de paz en algunos casos. Junto con esto, la frontera muestra visiblemente un proceso de aculturación que puede ser de manera impuesta o espontánea.[4]

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Guillaume Boccara[5], en su texto: Génesis y estructura de los complejos fronterizos euro-indígenas: repensando los márgenes americanos a partir (y más allá) de la obra de Nathan Wachtel, realiza un análisis de los conceptos trabajados por el antropólogo francés Nathan Wachtel sobre los procesos de sincretismo cultural entre los indígenas y españoles, y aborda cómo desde el análisis del término aculturación se ha logrado observar en los últimos estudios que existe también un nivel de aculturación espontánea, donde el pueblo indígena perpetúa algunos rasgos de su cultura a través de algunos sincretismos con la civilización occidental.

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Según el autor, en los dos primeros siglos de la colonia la aculturación impuesta producía en la relación indígena-español una asimetría en el trato y los derechos. Aquí el español imponía una mentalidad en la cultura hispanoamericana en donde el europeo era superior al indígena, vale decir, la manera de tratar y razonar debía ser netamente eurocentrista, ya que ésta era la visión que se asumía como correcta. Un ejemplo es el caso de los trabajos misionales para dominar la vida espiritual de la otredad, estos indígenas considerados como perdidos y pecadores debían ser rescatados, civilizados y educados para una vida sana y santa. La labor de los misioneros franciscanos y jesuitas era una forma de imponer su cultura y mentalidad de una manera amable, lo que no dejaba de ser una aculturación impuesta, ya que se obligaba a los indígenas a cambiar sus formas de vida. Esto se puede vislumbrar en el momento que empiezan a volverse sedentarios, cambian su manera de vestir, sus modos de relacionarse entre hombres, el abandono de la poligamia, entre otras actividades. Los indígenas debieron suprimir sus costumbres anteriores en el momento en que los misioneros llegaron a sus tierras, generando una desestructuración cultural entre los pueblos aborígenes.

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Una de las fuentes que trata el tema de la imposición religiosa y los viajes en las zonas de hinterlands son las misiones del Padre José García[6], que a través de su Diario de la navegación hechos por el padre José García de la Compañía de Jesús, desde su misión de Cailín, en Chiloé, hacia el sur, en los años 1766-1767, narra como la misión de Cailín se dirige hacia la zona austral de Chile en donde distinguimos cómo, por medio del uso de la palabra religiosa, buscan persuadir a los nativos bárbaros de las zonas más alejadas de la civilización, con el fin de ejercer soberanía española por esas tierras. Otro texto que trata de la aculturación impuesta por medio de la religión, es el texto de Fernando Casanueva[7], titulado La evangelización periférica en el Reino de Chile, el que relata sobre la cristianización como una modalidad española para convencer, civilizar y tratar con los indígenas. De tal manera, las malas costumbres de los nativos a los ojos de los españoles se pueden eliminar por medio la imposición religiosa de los jesuitas y franciscanos. Para los europeos, las misiones eran medios pacíficos para dominar a los indígenas, pero en especial para poder entrar más allá de las zonas fronterizas, descubrir los paisajes y a los nativos que estaban al otro lado de las zonas de intercambio cultural.

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Pero este modo pacífico a los ojos de los españoles, no lo percibían de igual forma los indígenas, pues les prohibían una serie de actividades que ellos acostumbraban a mantener en su cultura tales como los cahuines, los ritos, poligamias, ser una población nómade, etc. Se les imponía cumplir con los deberes del cristianismo: ser dependientes a las órdenes del padre y concurrir a misa de la parroquia más cercana, debían dar aviso a los padres cuando salían de la reducción, informar a los lugares que se dirigían y qué tipo de negocio iban a realizar, ningún indio debía realizar malocas o robar a los españoles (hacer actos que perjudicaran a los europeos y la ciudad), no tenían permitido tener más de una mujer, ni realizar matrimonios a su manera, sino que debía ser bajo la guía de la Iglesia Católica, se les obligó a ser sedentarios y vivir cerca de la parroquia y, finalmente, se les prohibió las borracheras y cualquier tipo de ceremonia que se relacionara con las hechicerías.

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Si se analizan las condiciones que los misioneros imponían a los indígenas, estaban de cierto modo intentando hacer desaparecer la manera de vivir de los nativos, pues finalmente buscaban cambiar el modo de vida en todos los aspectos, sus formas de relacionarse, donde se  debían asentar para vivir, sus rituales, etc. De esta forma, sin usar la fuerza, los misioneros intentaban imponerles el modo de vida europeo exterminando gran parte de la identidad indígena.

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Otro modo de aculturación impuesta en las fronteras que es más explícito, es la entrada a los territorios deshabitados por parte de los españoles a mano armada. El intento de sometimiento indígena a través de la violencia, ocasionó una respuesta belicosa y de connotada fiereza que no se presentaba en otras zonas de América. En los nativos de las fronteras de México, como es el caso de los chichimecas, y en Chile con los aborígenes de Arauco hacia el sur, una forma de ataque o respuesta indígena en las fronteras fueron las malocas, tomando cautivos a mujeres y hombres españoles, como también los saqueos, que se transformaron en otra fórmula de debilitamiento hacia los europeos. Al ver estos hechos, los españoles idearon métodos de fuerza e imposición dura de la cultura europea, la que no fue efectiva, ya que en las fronteras existía una igualdad de fuerzas. La actitud de resistencia indígena provocó dificultades para los españoles, ya que fueron siglos de estrategias para poder dominar las zonas más australes de Chile.

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Desde el siglo XVI en el sur de Chile, los españoles comenzaron a notar las estrategias de resistencia por parte de los indígenas que no querían estar bajo el yugo de los europeos, tal como pasó en las zonas céntricas de América. A partir de esto, surgió en los aborígenes la necesidad de protegerse y luchar de manera igualitaria con los españoles, para lo cual debieron aprender a usar elementos de la cultura occidental. En este proceso de resistencia indígena, la intención de aculturación impuesta por parte de los españoles se ve truncada ante una aculturación espontánea por parte de ambas civilizaciones, en este sentido, este concepto se basa en la simetría entre ambas culturas donde se da la integración de elementos occidentales como indígenas de forma igualitaria entre ambas facciones.

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El conocimiento de sobrevivencia en el territorio chileno (en especial en la Patagonia y las zonas más australes) y  las estrategias militares españolas, son las herramientas que ambas culturas utilizaron en las zonas de conflicto. La dinámica de traspaso cultural a la hora del enfrentamiento militar benefició más a los nativos que a los españoles, ya que utilizaron elementos materiales occidentales  que ayudaban a obtener el triunfo en el momento de la batalla. David Weber[8], en su capítulo Borbones y bárbaros. Centro y periferia en la reformulación de la política de España hacia los indígenas no sometidos, da cuenta de la actitud indígena ante la posibilidad de adoptar estrategias y elementos de guerra para su favor.

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En todo el hemisferio, los indios bárbaros estudiaron las técnicas de combate de los españoles, aprendieron a defenderse de ellos, adoptaron el uso de las armas y los caballos españoles, y se reorganizaron a sí mismos mediante nuevas formas de gobierno o asociación…[9]

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Ante el ataque de los españoles, los indígenas en el Chile colonia la adoptaron estrategias europeas en las que finalmente se fue dando a través de los siglos un proceso de sincretismo cultural, desde las situaciones bélicas hasta llegar a negociaciones económicas. El nativo adopta el caballo para el manejo en el ataque, las vestimentas europeas en el campo de batalla y para cubrir las vergüenzas (existe una adopción de lo que es moralmente correcto o incorrecto), e incluso formas de organizarse mediante cargos públicos que crean orden y estrategias dentro de una comunidad, enfrentando, así, de mejor forma, a los españoles.

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…Así es como las sociedades indígenas, a través de préstamos culturales, innovaciones y creaciones, cultivaron su especificidad y, al mismo tiempo, se transformaron…[10]

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…Al igual que los colonizadores, los indígenas demostraron  una gran capacidad de creación. De guerreros temibles se transformaron en hábiles comerciantes y negociadores…[11]

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Aprendieron, además, a negociar con los europeos, intercambiando o vendiendo parte de sus plantaciones. Los espacios de frontera con el tiempo y en momentos de paz se transformaron en encuentros de negociaciones y tratados entre indígenas y europeos, por lo que se formaban situaciones donde se convivía y adoptaban hábitos de la cultura opuesta. Las instancias de aculturación espontánea se dieron en todas las aristas de la vida colonial, tanto en las misiones como en la política y la vida en la ciudad.

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En las misiones o expediciones de los españoles a los territorios alejados de las ciudades era esencial la compañía y guía de nativos para no perderse en los terrenos ni morir de hambre. Tal es el caso relatado por el Padre José García en su diario, donde da cuenta de casos de adopción de elementos de la cultura indígena para la subsistencia en el recorrido de la zona austral. Uno caso interesante tiene relación con la manera en que los indígenas reparaban las piraguas.

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…Se concluyó la composición de piraguas i se echaron al rio; para coser las piraguas es necesario traer del alojamiento de la laguna la mepua majada ya, las cortezas de feñiu i colihues para las agujas; todo esto falta en lucac…[12]

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Así, en este caso, el relato del padre jesuita va dando cuenta de cómo los españoles que hacen esta travesía por el sur de Chile van adoptando costumbres de los nativos para sobrevivir, como lo es la construcción de las piraguas, aunque también existen referencias en torno a la alimentación o a las rutas a seguir en la travesía, ya que solo los nativos de esas tierras conocían el clima y los territorios. Por otra parte, los indígenas adoptan la mentalidad católica y la forma de vivir  de una manera más cristiana y moralmente correcta a los ojos de los españoles, usan vestimenta tapando sus vergüenzas, rindiendo culto a un solo Dios, dejando lo pagano, las brujerías y la vida pecadora y nefasta a ojos de los religiosos. En muchos casos esta aculturación se dio de forma voluntaria (no solo impuesta como vimos anteriormente), ya que de forma libre los indígenas optaron por llevar una vida de creyente, siguiendo con las costumbres españolas de cómo se debía vivir la fe. Este proceso de aculturación voluntaria llevó además a la educación de las familias indígenas asentadas cerca de las parroquias. En este sentido, es posible observar cómo se equilibran las relaciones de los nativos con los europeos, en la medida que el aborigen adopta costumbres y modos culturales de la otredad europea en su vida cotidiana.

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Otro de los procesos de dinámicas entre ambas culturas en las fronteras fueron las expediciones de los españoles o mestizos más allá de la zona de contacto de los hinterlands, en donde se veían atraídos por la vida opuesta a la civilización occidental y terminaban viviendo en tribus o pasaban largas temporadas recorriendo las zonas que estaban lejos de las ciudades.

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…Transgrediendo sus propias normas y optando por una vida más libre en el seno de las sociedades indígenas, de los hinterlands, numerosos individuos tomaron el camino de la transculturación. Ellos jugaron el papel de mediadores entre indígenas e hispano-criollos…[13]

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De este modo, fue surgiendo una población flotante de mestizos vagabundos, los que fueron clave para abastecer a los mapuches de ganado, armas y vino. De cierta forma, eran quienes trasladaban de la ciudad a los hinterlands, y viceversa, los elementos materiales para la subsistencia.

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El proceso de aculturación en las fronteras del sur de Chile en la colonia vivió dos etapas marcadas, la primera es la aculturación impuesta de los dos primeros siglos, en donde los españoles impusieron su fuerza y el uso de sus armas y animales como el caballo para el logro de dominar a los nativos. En este proceso de aculturación por imposición, la corona gastó en armas y soldados y en el mantenimiento de un cuerpo militar constante en toda la zona fronteriza, buscando por medio de la presión y el maltrato la reducción del indígena y dominar la tierra del Nuevo Mundo. Este proceso de aculturación fue posible de manera acelerada en las zonas de comunidades nativas sedentarias, en donde rápidamente vivieron un proceso en el cual debieron estar sujetos  ante  la fuerza del español.

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A través de las encomiendas[14] en distintas zonas de América, se podía controlar la población de nativos y así  hacerlos trabajar en la agricultura, la ganadería y la minería, obteniendo de ellos las riquezas que se debían enviar a la corona. Asimismo, para sus beneficios e intereses personales, la encomienda fue la manera de aculturación impuesta más usada en el período de la colonia. De ésta se desprenden los abusos y las cercanías de los españoles con los indígenas.

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Con el tiempo el uso de la encomienda fue decayendo, ya que, por ley, un hombre mestizo no podía ser encomendado, de esta forma las mujeres y hombres indígenas buscaron maneras de unirse a blancos y desligarse de la opresión que se ejercía estar bajo encomiendas, de cierta forma este proceso de sujeción fue en declive.

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En las fronteras los hacendados encomenderos sufrieron los ataques y robos de los indígenas nómades y salvajes que se encontraban en las zonas de las tierras más allá de los límites entre indígenas y españoles. El intento español de someter a los nativos de las zonas de frontera se vio truncada por la resistencia que estos mismos ponían.[15].

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Los dos primeros siglos de la colonia se vieron fuertemente marcados por guerras y enfrentamientos sangrientos en las zonas de contacto periféricas, en los cuales la primera estrategia de la corona fue el sometimiento del indígena por la vía de la fuerza, sin hacer valer sus derechos ni menos reconocer que las tierras les pertenecían a ellos. Así, los españoles se apropiaron de los terrenos de los nativos, trasladando las costumbres y la forma de vivir europea a América.

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La segunda etapa de la aculturación se dio a mediados del siglo XVIII tras el cambio de mentalidad que se produjo en el periodo de la ilustración, en el contexto del cambio dinástico, en el cual los borbónicos se preocuparon por crear nuevas estrategias para ligar el pueblo indígena con los españoles y así tenerlos como aliados ante las posibles arremetidas de los ingleses, holandeses y franceses en las tierras americanas, que significaban una amenaza para los territorios sometidos por la corona y sus intereses económicos. La estrategia de la corona era buscar acuerdos de manera amable con el pueblo nativo, ya que los ingleses utilizaban este mecanismo en las zonas periféricas en las cuales no había asentamientos de españoles y, el miedo de la corona, era que otras naciones europeas dominaran América y terminaran arrebatando los territorios dominados por los españoles.[16]

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Las estrategias borbónicas de tratados con los indígenas de la frontera fueron pensadas de manera pacífica, empleando distintas tácticas para que éstos se comprometieran con los españoles. La primera era a través de misioneros que buscaban acercarse a las comunidades nativas para civilizarlos y así convertirlos al catolicismo,  por ende, entregarles modos de vida hispanos. Estos misioneros, entonces, apoyaban las medidas borbónicas de acercar al indígena a las formas culturales españolas.

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Esta estrategia misional llevó a numerosas expediciones de padres franciscanos en territorios fronterizos de América, ya que era necesario para los españoles y sus misioneros aliarse con las tribus semi-nómades y nómades que habitaban en las zonas de los hinterlands alejadas de la dominación española y que, por lo tanto, eran propensos a aliarse con otras naciones de Europa que les ofrecieran condiciones favorables de interrelación.

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Otro método de aliar a los nativos de las fronteras se desarrolló a través de negociaciones y acuerdos en las zonas de intercambio de las periferias. Hacer que los nativos dependieran de las negociaciones que mantenían con los españoles y abastecerlos económicamente, eran medidas pacíficas para dominarlos sin caer en rencillas o luchas que pudieran provocar la molestia del indígena, y así tenerlo como un aliado.

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El proceso de aculturación en la frontera del sur de Chile se dio de un modo en que la diferencia entre las dos definiciones impuesta/espontánea podía variar sutilmente, pues la aculturación en América y en especial en sus fronteras, eran contradictoriamente próximos y contrastados, esta dinámica en los traspasos culturales de los europeos con los nativos en las zonas de encuentro y desencuentro se dio de forma permanente mientras no se  consolidaron las ciudades en el sur de Chile (de Arauco hacia la zona austral).

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Para finalizar, se puede entender el estudio de aculturación en las zonas fronterizas del sur de Chile como un proceso de heterogeneidad en el cual el indígena adopta por necesidad y presión costumbres españolas por imposición de éstos. Por otro lado, el español adopta costumbres y estrategias de los nativos para poder desenvolverse en los terrenos vírgenes de América en la  necesidad de afrontar un mundo desconocido y dominarlo, puesto que, sin este encuentro cultural ni adopción de maneras nativas, tal vez el español no hubiera sobrevivido.

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La observación por parte de los españoles y los escritos que han dejado estudiando el comportamiento de los indígenas e incluso representándolos visualmente, datan de una necesidad del mundo occidental por conocer e involucrarse más allá de esta asimetría de civilizados y bárbaros que existían entre ambos mundos. Pues solo en las fronteras los españoles podían representarse tal cual son, defenderse y  luchar por una idea de organización social proveniente del viejo continente que debía instaurarse en Hispanoamérica.

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El comportamiento indígena de resistencia en las fronteras no solo se vio en un espacio lineal demarcado y reducido, sino que a través de los textos de los autores mencionados anteriormente, podemos analizar la frontera como un espacio amplio y dinámico, que a través del tiempo se va transformando a medida que cada tribu de nativos se va incluyendo en esta forma de civilizar por parte de los españoles. Las fronteras del sur de Chile tenían  muchas caras para los indígenas, era una zona de resistencia,  lucha y barbarie, de cierto modo se vieron obligados a transformarse en guerreros duros y violentos para defender la forma de vida que tenían antes de la llegada del español, para mostrar fuerza y disgusto ante las injusticias y abusos hispanos en contra de algunas comunidades indígenas sometidas.

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Por otro lado, la visión española es la de reducir, convertir a los indios y conocer los terrenos para un mayor manejo y dominio y entender el más allá de la frontera esos sectores de hinterlands que provocaron en el imaginario europeo una idea de riqueza desconocida de las tierras del Nuevo Mundo, escondidas detrás de los sectores de resistencia indígena.

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Por lo tanto, entender los procesos de aculturación en la frontera de la colonia del sur de Chile, es sin duda concebir la forma de encuentro más brusca y abrupta entre dos mundos, en donde se busca sacar ventajas de la otredad a través de elementos materiales, pero que, sin duda, provocaron el intercambio de mentalidades y formas de vida.

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* Licenciada en Arte con mención en Pintura y Grabado de la Universidad de Playa Ancha y Magíster © en Historia con mención en Arte y Cultura de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.


[1]La palabra frontera es un término de origen latino que procede de frons, luego frontis, traducido como frente, y como adjetivo fronterizo que está o sirve en la frontera. Ciudad fronteriza. Vid., Urbina, María Ximena, La frontera de arriba en Chile colonial: interacción hispano-indígena en el territorio entre Valdivia y Chiloé e imaginario de sus bordes geográficos, 1600-1800, Ediciones Universitarias de Valparaíso, Valparaíso, 2009, p. 27.

Por lo tanto, parte del significado de frontera es la diferencia entre dos ciudades, los bordes de ésta y la periferia de cada una, pues la frontera es lo que divide dos mundos, dos realidades, pero bajo este concepto surgen los espacios fronterizos, los cuales pueden ser amplios y en ellos es que se desarrollan los intercambios y traspasos culturales. Según Guillaume Boccara, es preciso definir las fronteras, entonces como áreas donde se realiza la ocupación de un espacio vacío o donde se produce el roce de dos pueblos de cultura muy diferente, sea en forma bélica o pacífica. “La frontera (…) debe ser entendida (…) como las áreas donde al impulso de la expansión europea se han presentado fuertes desniveles culturales y económicos identificados con dominadores y dominados”. Boccara, Guillaume, Los vencedores: historia del pueblo mapuche en la época colonial, IIAM, San Pedro de Atacama, 2007, p. 210.

[2]Operé, Fernando: Historias de frontera: el cautiverio en la América hispánica, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2001, pp. 9-32.

[3]Ibíd., p.16.

[4] Tal como señala Nathan Wachtel, la aculturación impuesta se encuentra generalmente asociada a situaciones de contactos dirigidos (existencia de una comunidad de invasores en situación de dominación) y remite a “los procesos de pasaje de la cultura indígena a la cultura occidental”. Por otro lado, el autor define la aculturación espontánea como contactos no-dirigidos (la situación de simetría en la cual ninguna de las dos sociedades se ubica en una posición subordinada) que corresponde a “la integración de elementos occidentales en la cultura indígena” [Boccara, Guillaume, “Génesis y estructura de los complejos fronterizos euro-indígenas: repensando los márgenes americanos a partir (y más allá) de la obra de Nathan Wachtel”, Memoria Americana, N°13, 2005, p. 27.

[5]Ibíd., pp. 21-52

[6]García, José S.J., Diario de la navegación hechos por el padre José García de la Compañía de Jesús, desde su misión de Cailín, en Chiloé, hacia el sur, en los años 1766-1767, AHMCH, Vol. XIV, Imprenta Nacional, Santiago, 1889.

[7] Casanueva, Fernando, “La evangelización periférica en el Reino de Chile”, en Nueva Historia, Año 2, N° 5, Londres, 1982. 

[8] Weber, David, “Borbones y bárbaros. Centro y periferia en la reformulación de la política de España hacia los indígenas no sometidos”, en Anuario IEHS, N° 13, Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Tandil, Argentina, 1998. pp. 147-169.

[9]Ibíd., p.150.

[10]Boccara, Guillaume, “Génesis y estructura de los complejos fronterizos euro-indígenas: repensando los márgenes americanos a partir (y más allá) de la obra de NathanWachtel”, Memoria Americana, N°13, 2005, pp. 24.

[11]Ibíd., p.41.

[12]García, José S.J., op. cit. pp. 17-18. 

[13]Boccara, Guillaume, “Génesis y estructura…, op. cit., pp. 38.

[14]Lockhart, James y Stuart Schwartz, América Latina en la Edad Moderna, Editorial Akal, 1992 (1ª edición, 1983), cap. 8 Los márgenes, pp. 237-281.

[15] Cabe destacar que existía la necesidad por parte del europeo de tener trabajando bajo su mando al indígena de tal forma de poder mantener sus riquezas en los territorios de Chile.

[16]Weber, David, op. cit., pp. 147-169.

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 Fuente de la imagen: Indígenas en la Cordillera de Nabuelbuta.