La noción de Hispanoamérica y la modernidad en el siglo XIX

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Por Juan Ignacio Cordero Pérez*

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La idea de América Latina es la triste celebración por parte de las élites criollas de su inclusión en la modernidad, cuando en realidad se hundieron cada vez más en la lógica del colonialismo[1].

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La idea de América Latina que se forjó en la segunda mitad del s. XIX dependió de otra idea, la de “latinidad” surgida en Francia; este término engloba la ideología en la que se cifraba la identidad de las antiguas colonias españolas y portuguesas en el nuevo orden del mundo moderno/colonial, tanto para los europeos como para los americanos. Cuando surgió la idea de latinidad, cumplió una función específica dentro de los conflictos imperiales entre las potencias europeas y en el nuevo trazado de la diferencia colonial.

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En América del sur, las élites criollas blancas y mestizas adoptaron la “latinidad” después de la independencia para crear su identidad postcolonial, así con lo anterior, plantea Mignolo que América Latina no es un subcontinente sino el proyecto político de las élites criollo-mestizas, el nombre se transformó en una arma de doble filo. Por un lado dio lugar a la idea de una nueva unidad continental, por otro, trajo aparejado el ascenso de la población de origen europeo y el proceso de eliminación de la población de naturales. La nueva subunidad no era un ente ya existente antes de que se iniciara el relato que construyó la idea de modernidad y, al hacerlo, imaginó un pasado anterior (Edad Media) y un espacio bárbaro (las indias occidentales para unos y América para otros). A modo de síntesis, la nueva unidad es un personaje relevante en el relato de la modernidad.

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La noción de modernidad no es tampoco un ente que de Europa se desplaza y llega a una América Latina  ya existente que la estaba esperando, muy por el contrario, América Latina es una de las consecuencias de la reconfiguración del mundo moderno/colonial provocada por el doble proceso de descolonización del continente americano y emancipación del europeo.[2]

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En América, el debate en torno a la modernidad y el proceso independentista con raíz revolucionaria francesa fue más tardío y en cierta manera surgió con signo contrario al español. Mientras que en España fueron los antiliberales los que acusaron a sus adversarios de «afrancesamiento», en América fueron los liberales de la segunda mitad del s. XIX quienes reivindicaron su filiación con la Francia revolucionaria. Se construye entonces una interpretación de la Independencia hispanoamericana que tendrá un vigor considerable, incluso en nuestros días. La Independencia americana es hija de la Revolución Francesa y consecuencia de la difusión en América de sus principios. Contra esta versión liberal de finales de siglo, va a surgir progresivamente una escuela revisionista, que insiste al contrario sobre el carácter «hispánico» —identificado a lo tradicional— de las revoluciones de Independencia.

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Las relaciones entre la Revolución Francesa e Hispanoamérica son uno de los temas en común que ocupa la historiografía. Durante largo tiempo se consideró que los principios proclamados por la Francia revolucionaria habían provocado, al atravesar el Atlántico, la Independencia de Hispanoamérica.

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Las «ideas francesas» están muy lejos de ser las únicas ideas de la Independencia, y son muchos los historiadores que han puesto de manifiesto el papel que desempeñó el pensamiento político clásico español en estos acontecimientos. Por otro lado, una explicación solamente ideológica de la Independencia no basta, como lo han mostrado numerosos estudios sobre las causas sociales y económicas que han contribuido a ella.[3]

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Para José María Blanco Crespo, la independencia política sin independencia económica y sin medidas que atajaran los antagonismos sociales era una mera ilusión.[4] Considera que los americanos cometen un grave error al proclamar la independencia, porque hay que conseguir la soberanía económica antes de la política; aquella hay que trabajarla, ya que no llegará por sí sola.

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La Independencia llegó como una ola por toda Latinoamérica, en su primer artículo titulado “Reflexiones generales sobre la revolución francesa” expone que antes de la revolución francesa el pueblo español y americano ya tenía motivos suficientes para rebelarse: vivía oprimido por un gobierno corrompido.

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Esta problemática y el choque de esta gran ola con las resistencias y tradiciones existentes del pasado colonial hacen que las ideas que provienen del siglo anterior tomen tintes y colores particulares en cada sociedad a lo largo de este siglo.

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En el libro “Revolución económica e industrialización en América latina[5], en sus inicios plantea sobre los problemas del desarrollo de la América Latina en el s. XIX, sostiene que en la zona de Latinoamérica, la meta que se busca en el proceso de instauración del modelo político-económico es incrementar al máximo la producción nacional y aumentar el ingreso per cápita. ¿Cómo se lleva a cabo este proceso? Institucionalmente esto se plasma a través de gobiernos centrales que fomentan y participan de manera activa en el proceso de desarrollo nacional, teniendo este elemento un sesgo ideológico en el análisis y en la construcción de los modelos socioeconómicos de América latina. Esta participación por parte del Estado en la economía el autor la entiende como un agente propulsor y generador de políticas en dirección al desarrollo e independencia ligado con dejar atrás el pasado colonial y dependiente de las potencias de ultramar. Este nuevo impulso para el desarrollo de las economías retrasadas y estancadas fue de manera brusca, o como lo tilda Teichert “revolucionaria”. El proceso se engloba bajo el concepto de revolución de la política económica en América Latina.

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Una idea fuerza en el cual se funda el argumento del autor es lo relacionado con la Revolución industrial y francesa, en su proceso europeo y norteamericano, ya que las revoluciones de la política económica se guían y se sintonizan con esta fuerza que puja desde el siglo XVIII.

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A través de diversas interpretaciones con un rumbo progresista, se fue consolidando y construyendo una definición sobre Latinoamérica, pero lo que hay que dejar definido desde el inicio es quién evoca y requiere la definición, ya que así se podrá aproximar a lo que se pide como respuesta al entorno socio-económico, como por ejemplo para la élite criolla la historia de los mártires y sus bronces fue la base del relato de la construcción sobre Latinoamérica, así como existe otro sector que buscan héroes desamparados que represente un relato de los desfavorecidos, pero siempre los discursos se orientan en las grandes fuerzas que se manifiestan en los escenarios: el progreso material y la modernidad.

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* Juan Ignacio Cordero Pérez es Licenciado en Historia de la Universidad Católica de la Santísima Concepción y Estudiante del Programa de Magíster en Historia con mención Historia Económica y Social de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.


[1] Mignolo, Walter, La idea de América Latina, Edit. Gedisa, Barcelona, 2007, pp. 81-82

[2] Ibíd., p. 83

[3] `Guerra, François-Xavier, Modernidad e Independencias. Ensayos sobre las revoluciones hispánicas, Edit. Mapfre, Madrid, 1992, pp. 13-19

[4] Breña, Roberto, Blanco White y la crisis del mundo Hispánico (1808-1814), Historia Constitucional, N. 9, 2008. En http://hc.rediris.es/09/index.html

[5] Teicher, Pedro, Revolución económica e industrialización en América latina, Fondo de Cultura Económica, 1961

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Fuente de imagen: Independencia de Hispanoamérica.

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