Latinoamérica y su Historia: Crecimiento Económico, Desarrollo y Movimientos Sociales a través de un acercamiento desde la Historia Económica y Social.

 

Por Fabián Andrés Pérez P.*

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La primera labor del historiador es concebir un significado del concepto de Historia o al menos reordenar ampliamente los criterios con los cuales la estudia. Existen diferentes posturas y escuelas que apuntan a descubrir el significado de nuestra disciplina en diferentes épocas y contextos, pero si nos centrásemos sólo en el siglo XX y XXI deberíamos recurrir a Europa, donde principalmente se ha intentado dar una conexión entre la Historia como conocimiento y como acaecer. Digo de conocimiento y acaecer, pues todo el aparato metodológico e instrumental que entrega la historiografía francesa y en especial la escuela de Annales, que sirve para el análisis de la realidad histórica, permite complejizar la comprensión sobre los sucesos y entenderlos de una manera diferente. Las relaciones que nacen del entendimiento de una historia que tenga períodos de larga duración son complejas y sirven para tener una comprensión más cabal en cuanto a los orígenes de esos sucesos importantes y así también de sus consecuencias posteriores. Desde esta visión de la historia, es posible identificar que las grandes etapas de lo que comprendemos como Historia Universal, americana, nacional, etc. tienen una explicación que trasciende ampliamente a la justificación de los hechos sólo a través del relato político, como era la costumbre de la historiografía anterior al siglo XX, y ahora pueden entenderse y ser explicadas a través de la construcción de una explicación de los fenómenos económicos o de los movimientos sociales y su interrelación. Estas etapas se configuran a través de la comprensión de que la historia tiene cambios, tiene ritmos y que puede seguir un rumbo trazado de acuerdo a la variación de los sucesos durante un período determinado. De hecho el historiador J. L. Anderson dice que el propósito que tiene la Historia económica y social es “explicar como el modelo mundial de producción y consumo ha cambiado con el tiempo: en palabras simples, para contribuir a una explicación de por qué algunos países son ricos mientras que otros no.”[1]

 

Si analizáramos la frase de Anderson al describir cuál es el propósito que tiene la Historia Económica y Social, podríamos deducir una serie de elementos distintivos que entregan particularidades interesantes. Por una parte, “explicar el modelo de producción” puede referirse a la labor cuantitativa que pudiéramos establecer al hablar de un ejemplo o de un estudio de caso. Por ejemplo, para entender la historia de América Latina durante el pasado siglo XX, el tema que más surge es el de la relación existente entre crecimiento económico y desarrollo social. Efectivamente es un tema importante no solo porque es parte de la historia reciente de la región, sino también porque representa el estado presente de nuestra realidad. La explicación que tendría entonces la cita de Anderson “el modelo de producción (…)” debería significar para el caso latinoamericano el estudio cuantitativo de los medios de producción, de los movimientos económicos, de los índices de riqueza y de pobreza, del grado de industrialización y de todos los factores que pudieran ser observables o medibles y que, pudiendo arrojarnos datos, nos llevaran a la obtención de una interpretación histórica de la realidad. Un ejemplo más detallado aún, podría ser observar los cambios económicos que ocurrieron en los países latinoamericanos a partir de los años 80, que pudieron haber llevado a la consolidación democrática y también a una serie de transformaciones sociales profundas; el conocimiento del PIB de algún país, de su índice de desempleo, del grado de riqueza o de la deuda que tenga con actores económicos internacionales nos podría indicar algunas características que podría tener dicha nación.[2]

 

Siguiendo con la definición de Anderson, cuando se refiere al modelo mundial de producción y al “consumo” está hablando directamente de un factor esencial para la economía, que es la relación entre el sistema de producción y los consumidores, es decir, las personas. La distinción que hace la Historia Económica y Social sobre la importancia que tiene la vida de las personas, se traduce en el interés que existe sobre los colectivos humanos y los movimientos sociales. La Historia se preocupa de estudiar las interacciones que tienen los colectivos humanos, es por eso que la comprensión de los movimientos sociales ha significado en cierta forma comprender al ser humano en forma particular. Una particularidad en Latinoamérica, es la de los movimientos sociales como dínamos o respuestas a los grandes cambios acaecidos. La definición de movimiento social es bastante ambigua y otorga un abanico variopinto de definiciones. El historiador Charles Tilly define los movimientos sociales a partir de tres elementos: 1) las campañas de reivindicaciones colectivas, 2) diferentes actuaciones para llevar a cabo esas reivindicaciones, tales como asociaciones, concentraciones o propaganda y 3) las manifestaciones públicas del valor, la unidad, el número y el compromiso con la causa.[3] A esta construcción histórica el autor se atreve a llamarle “movimiento social.” Los movimientos sociales están dados por una base común en la cual deben tener niveles de significación transversales al igual que modos convencionales que permitan la unidad en torno a objetivos claramente definidos. El mismo Tilly sugiere algunas características primordiales que debieran de tener los movimientos sociales, identificadas con la sigla en inglés WUNC: Worth, Unity, Number, Compromise. Los movimientos sociales deben tener valor o significación contando con personas que puedan entregar esta característica, unidad o símbolos que permitan una identificación con el movimiento, número y compromiso por parte de los integrantes o adherentes a ellos.[4] La significación de los movimientos sociales ha adquirido valor mediante el paso del tiempo, en gran manera debido al peso que han adquirido en las transformaciones o en la toma de decisiones de los estados.

 

Al hablar de movimientos sociales en Latinoamérica, surgen algunos cuestionamientos básicos en torno a la realidad histórica de la región. El gran problema continental durante el siglo XX ha sido el buscar los métodos de cómo equilibrar el crecimiento económico y el desarrollo social. En otras palabras, como utilizar el crecimiento en cifras económicas que obtenga el país, con el fin de potenciar el desarrollo social evidenciado en la distribución equitativa de las ganancias a todos los sectores de la población, potenciar la industrialización, la salud, educación, etc. De hecho, una de las preocupaciones importantes que han tenido los estados latinoamericanos ha sido el lineamiento económico que permita el desarrollo del país, pasando por estados proteccionistas preocupados de las dinámicas económicas como ocurrió en los años 50´s con el estado desarrollista de Keynes, llegando a fines de los 70´s y 80´s con el estado liberal que impulsó la privatización de las economías nacionales. Es en este contexto que es posible ver una serie de manifestaciones sociales producto de la contingencia nacional latinoamericana, principalmente como medio de protesta en busca de un cambio en las orientaciones en materia económica por parte de los Estados. Anderson declara que aun cuando las fuerzas no-económicas son decisivas en las transformaciones, el análisis económico contribuye de manera efectiva a la formación del relato histórico.[5] El análisis económico de una época contribuye de cierta manera a verificar y comprobar cuál es la característica que adquiere el movimiento social, su razón de ser y sus finalidades. Si estudiásemos la economía de los países latinoamericanos durante los últimos 30 años del siglo XX hasta nuestros días, nos daríamos cuenta de que existen una serie de factores que contribuyeron a la formación de movimientos sociales más o menos cohesionados.

 

Una idea que surge en torno a la relación que tienen los conceptos de desarrollo social y crecimiento económico, está ligada con un pensamiento planteado por Alain Peirefitte quién al hablar sobre Fernand Braudel, explica que la historia económica occidental, si es explicada por la Historia de las Mentalidades, es posible concebirla como una historia “sin actores”.[6] Esto de que la historia se pueda concebir sin actores, alude a que es posible determinar la historia a través del relato de las mentalidades, en las cuales ya no cobra fuerza solamente la historia política o los personajes importantes sino que es la historia social y la historia económica la que nos permiten hacer un análisis profundo de las sociedades. Tanto las tesis que manejan Peirefitte, Anderson o el mismo Braudel, nos permiten identificar que hay una serie de elementos por los cuales podemos hacer una historia relativamente contemporánea, que nos indique que el foco está puesto en los factores económicos de producción más que en las influencias políticas. Braudel en “Civilización material economía y capitalismo, siglos XV – XVIII”, específicamente en el tomo III, describe un patrón que aparece desde el período de la formación del Estado moderno europeo en los siglos XIV al XVI, que el mismo llama “un espíritu capitalista”.[7] Este “espíritu capitalista” es la determinación que tienen algunos banqueros y comerciantes en subordinar el mundo de lo político al sistema económico, en una primera instancia de corte local o nacional hasta transformarla en un sistema internacional como ya ocurría en los siglos XVIII y XIX como se puede encontrar en el análisis que hacen los autores tanto de Adam Smith como de Marx.[8] Durante el siglo XX las transformaciones económicas, siguiendo el caso latinoamericano, siguen un modelo capitalista de corte internacional en el cual las políticas económicas son dictadas por organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, surgiendo así una serie de cambios estructurales que van a afectar a toda la región, principalmente por la economía de Shock, la participación de empresas privadas por sobre la labor del Estado y la influencia de la escuela económica de la Universidad de Chicago. El arribo que tienen los privados en los asuntos económicos no es para nada algo nuevo, pues ya desde el período moderno estudiado por Braudel, se le confiaba el Estado a mercaderes o comerciantes que fueran capaces de ejercer cargos para la conveniencia del conjunto nacional.[9] La diferencia que tiene el período recién mencionado con el estudio de caso del siglo XX, es que en este último se ha generado un mayor movimiento social cuya finalidad es la igualdad de condiciones y el desarrollo social sustentable, exigiendo cada vez más la intromisión popular en diversos escenarios, tales como empequeñecer la brecha de desigualdad entre pobres y ricos, mejorar la calidad de vida o el sistema educativo. Todo esto apunta a que en el orden internacional actual, la configuración del presente es posible verificarla a través de movimientos sociales que, nuevamente, procuran el ideal que ha sido planteado durante todo el siglo XX: equilibrio entre el crecimiento económico y el desarrollo social. A decir verdad, es cierto que la calidad de vida ha mejorado considerablemente durante los últimos 30 años y que es cuantificable sólo mirando, por ejemplo, el nivel de esperanza de vida promedio. Mientras que en Chile hace 30 años atrás el nivel de vida promedio era de 55 años hoy ha subido considerablemente a la edad de 75 años, principalmente debido a la mejora en la calidad de vida o el sistema de salud. Pero el tema está pendiente, porque las concesiones que han ganado los movimientos sociales apuntan a una mejora integral de la calidad de vida, entre ellas la disminución de la anteriormente mencionada brecha de desigualdad, así como a repartir de forma más equitativa las ganancias que tenga la economía nacional, visible en las últimas manifestaciones estudiantiles en Chile que se hacen eco de un sentir de los sectores sociales medios.

 

Otro asunto es que las lógicas de movimiento social han cambiado. Durante gran parte de la historia del siglo XX, las manifestaciones sociales han sido originadas por luchas que atienden a factores económicos como los anteriormente mencionados, pero actualmente existen también otras preocupaciones que movilizan sectores de la población. Uno de ellos es el tema ambientalista. Basta ver lo que ha pasado en el último tiempo en nuestro país con el tema de las hidroeléctricas o termoeléctricas, en la cual un sector importante se manifiesta contrario a ellas. En palabras de Tilly, se podría explicar de la siguiente forma: “desde su aparición en el siglo XVIII, los movimientos sociales no sólo han progresado gracias a sus actuaciones individuales, sino gracias a campañas interactivas”.[10] La interactividad, el mundo globalizado potencia para que los movimientos sociales se muevan de forma diferente y adhieran a mayor cantidad de personas, con los más diversos gustos e intereses. La historia económica nos permite sopesar, analizar y comprobar los ritmos que tiene la historia para realizar una labor cuantitativa que nos permita poder luego interpretar dichos números. La historia social nos permite entender que los movimientos de las gentes influyen de manera importantísima en las transformaciones estructurales. En síntesis, la Historia Económica y Social nos permite entender con un mayor grado de comprensión los elementos constitutivos de la sociedad, para así poder interpretarlos y construir el relato histórico de manera coherente y eficiente.

 

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* Fabián Andrés Pérez P. es Profesor de Historia, Geografía y Ciencias Sociales, Licenciado en Educación, Licenciado en Historia con mención en Ciencia Política y Estudiante de Magíster en Historia con mención en Historia Económica y Social de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.


[1] ANDERSON, J. L., “Explaining Long-term Economic Change”, The Macmillan Press Limited, 1991, Cambridge University Press, p. 1

[2] ALCANTARA, Manuel y otros, “Reformas económicas y consolidación democrática (1980-2006)”. Historia Contemporánea de América Latina Volumen VI, Editorial Síntesis, España, 2006.  El estudio sobre el período permite la comprensión de los elementos más esenciales para el estudio de la realidad latinoamericana hasta hoy en día. Si bien es un análisis formalmente económico, las relaciones con la sociedad latinoamericana están presentes explícita o implícitamente en las reflexiones.

[3] TILLY, Charles, “Los movimientos sociales, 1768 – 2008”, Editorial Crítica, Barcelona, España, 2010, pp.28-29. Paráfrasis en torno a la definición que entrega el autor.

[4] TILLY, Charles. Ídem, pp.22-23.

[5] ANDERSON, J. L, Ibídem, p.7

[6] PEIREFITTE, Alain, “La sociedad de la confianza”, Editorial Andrés Bello, Santiago, Chile, 1996, pp.332-338.

[7] BRAUDEL, Fernand, “Civilización material, economía y capitalismo, siglos XV – XVIII”, Tomo III, Alianza Editorial, Madrid, España, p.345.

[8] ANDERSON, J. L, Ibídem, pp.6-8; PEIREFITTE, Alain, Ibídem, pp.305-313

[9] BRAUDEL, Fernand, Ibídem, p.347

[10] TILLY, Charles, Ibídem, p.290

 

Fuente de imagen: Latinoamérica

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~ por cuadernosdehistoriacultural en agosto 21, 2011.

 
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